La institución del Estado paraguayo otorgó esta distinción oficial debido al aporte de ambas mujeres en la preservación y transmisión de conocimientos sobre la artesanía de lana. El acto institucional aconteció en el departamento de Misiones, específicamente en la localidad de San Miguel, cuna de la tradición de trabajos de artesanía en lana.
La entrega del reconocimiento formal se realizó durante la apertura de la trigésimo quinta edición del Festival Ovecha Ragüe. El encuentro ciudadano tuvo lugar en la plaza San Miguel Arcángel de la citada localidad. La actividad contó con la asistencia directa de autoridades de la zona, artesanos locales, delegados de entidades públicas y habitantes de la comunidad.
Reconocida trabajadora artesana
Entre los galardones sectoriales, la maestra artesana Julia Cristina Álvarez recibió el reconocimiento al “Mérito Artesanal y Turístico”. Esta mención se basó en “su desempeño técnico en la difusión de la confección lanar y en la apertura de su espacio de trabajo a delegaciones de turistas nacionales así como extranjeros”, según informó la secretaría de estado.
Tradición e innovación
Por otra parte, Irene Báez de Martínez y Roberto Martínez obtuvieron el reconocimiento a la Innovación y Vanguardia. El motivo de este premio fue la introducción de diseños, colorantes y elementos visuales en las piezas textiles producidas en el país.
Finalmente, la Asociación de Artesanos de Arazape recibió la alta distinción a la Tenacidad, Alianza y Fortaleza Asociativa. La entrega valoró el trabajo de esta nucleación en la promoción del sistema cooperativo y la asociación productiva local. De este modo concluyó la serie de distinciones en el marco de la festividad del duodécimo departamento del territorio nacional.
Artesanía como forma de vida
Los productores de la zona confeccionan prendas de abrigo, ponchos, colchas y frazadas con lana local. El proceso productivo comprende las etapas de esquilado de ovinos, hilado manual de la materia prima, teñido vegetal y el tejido final en telares de madera. Esta actividad económica constituye el eje de la identidad social de la comunidad, al transmitir conocimientos técnicos tradicionales de una generación a otra.


