Arte y Cultura

Alfredo Bryce Echenique hizo del humor y la ironía un sello característico en su obra

Por: David Blanco Bonilla

| Por La Tribuna
Agregar La Tribuna en
Alfredo Bryce Echenique es autor de libros como “Huerto cerrado”, “La vida exagerada de Martín Romaña” y “Un mundo para Julius”. Paolo Aguilar

Uno de los escritores más destacados de la literatura latinoamericana, el peruano Alfredo Bryce Echenique, falleció el martes 10 en Lima. Un autor que se caracterizó por su humor e ironía.

Lima (EFE). Alfredo Bryce Echenique había cumplido seis jóvenes décadas cuando decidió volver a su ciudad natal tras 34 años de “exilio voluntario” en Europa, porque le agarró “la volvedera”, como aseguró que decía uno de sus grandes amigos, el también escritor guatemalteco Augusto Monterroso.

Dueño de un humor fino, afilado como un estilete, y entrañable hasta el tuétano, Bryce deleitó a sus lectores con sus libros, pero también a los que tuvieron la suerte de conversar con él o escuchar alguna de sus conferencias en las que la ironía nunca fue escasa ni ajena la sonrisa melancólica.

Alguna vez, en diciembre de 2003, aseguró que el humor irónico “hace la vida más soportable, te hace más tolerante ante lo intolerante”.

El escritor regresó a Perú el 17 de febrero de 1999 con la intención de retomar un diálogo “interrumpido, pero jamás cortado” con su país, tras ganar poco antes el Premio Nacional de Narrativa de España, por su obra “Reo de nocturnidad”.

Al bajar del avión, miró a su gran amigo y editor Germán Coronado y, como si se tratara de su entrañable personaje Martín Romaña, dijo: “34 años después estoy aquí de vuelta, hermano”. Su equipaje de mano incluyó un libro de Monterroso y un búho que le regaló un amigo español para desearle buena suerte.

El equipaje “pesado” fue enviado en un barco: su biblioteca, una discoteca cargada de boleros y el famoso sillón Voltaire que le regalaron los libreros franceses y que sirvió para fraguar el díptico “La vida exagerada de Martín Romaña” y “El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz”.

Pocos días después contó a EFE que ese regreso lo había dejado “despalabrado y desarticulado”, al encontrarse una ciudad “caótica y desordenada” que le obligó a convertirse “en un observador”. Luego, en Chile agregó que su reencuentro con Lima fue un “vértigo” y un “terremoto interno”, y de ahí fue que le agarró “la volvedera”.

Un vínculo indestructible

Así, en medio de ese tumulto de impresiones y sentimientos encontrados, Bryce decidió volver a vivir en 2001 durante un tiempo a caballo entre Lima y Barcelona, pero su vínculo con su ciudad natal fue tan complejo como grato, como cuando convocó a 35.000 personas en la Feria del Libro de Lima para firmar ejemplares de “El huerto de mi amada”, con la que había ganado el premio Planeta.

Después de una carrera de casi cinco décadas, con más de treinta títulos publicados, y ya con su residencia permanente en Lima, Bryce anunció a EFE en mayo del 2019 su decisión de retirarse de la literatura con “Permiso para retirarme. Antimemorias 3”.

Se veía en su ciudad natal “como las ballenas que se alejan mucho de la costa, pero para venir a morir ahí, definitivamente”, para hacerlo al lado de sus amigos de la escuela, y se mostró satisfecho de haber cumplido los presagios de sus maestros, que le decían “cuentacuentos”.

En una de sus últimas apariciones, el escritor entregó en noviembre pasado el manuscrito original de su novela “Un mundo para Julius” a la Caja de las Letras del Instituto Cervantes.

En ese momento de volver la mirada hacia atrás, Bryce recordó su amistad con Julio Ramón Ribeyro y Mario Vargas Llosa, los otros dos buques insignia de la narrativa peruana contemporánea, y dijo que esa “fue una época muy feliz” de su vida.

Huerto cerrado

Bryce Echenique nació en Lima un 19 de febrero de 1939 y estudió en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). El narrador publicó su primer cuento “Huerto cerrado” (1968) en Francia, donde produjo gran parte de su obra. El mismo obtuvo una mención honrosa en el premio Casa de las Américas de cuento de Cuba.

Humor e ironía, amor y memoria y una profunda oralidad del lenguaje literario se dan la mano en los universos narrativos de Bryce Echenique.

El humor se filtró desde el principio en sus obras, tras comprobar que los autores latinoamericanos, especialmente los del “boom” eran “muy graves, muy serios” y dejaron de lado ese humor, un rasgo característico de los latinoamericanos que él cultivaba en sus libros.

Para Bryce, el humor irónico “hace la vida más soportable, te hace más tolerante ante lo intolerante”, a la vez que se declaraba “un escritor de la memoria” y un heredero de la tradición literaria peruana de añorar “el bien perdido”.

El autor peruano también noveló sus propias dolencias físicas y emocionales en muchas de sus obras, como “Reo de nocturnidad” y “La vida exagerada de Martín Romaña”, un escritor que ha podido crear un equilibrio imposible de emociones, ya que a lo largo de su vida pasó períodos de depresión muy grave, que lo llevaron a un internamiento clínico.

Durante su juventud en París conoció a escritores como Julio Cortázar, Julio Ramón Ribeyro y Vargas Llosa, y en España hizo muy buenos amigos, como el poeta y director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, y su mujer Almudena Grandes, o el cantante Joaquín Sabina.

También te puede interesar

Últimas noticias