Éver Ortega, el joven que puso a Paraguay en el mapa matemático

La historia de Éver es un testimonio de tenacidad: de ingresar como oyente a los talleres de OMAPA a resolver problemas "perfectos" en la IMO 2025. H…

| Por La Tribuna
Un descanso entre ecuaciones: Éver Ortega disfruta de la fauna local en un parque nacional de Australia, tras su brillante paso por la IMO 2025

La historia de Éver es un testimonio de tenacidad: de ingresar como oyente a los talleres de OMAPA a resolver problemas "perfectos" en la IMO 2025. Hoy, tras recorrer el mundo con su ingenio, se prepara para conquistar universidades del exterior y seguir inspirando a nuevos talentos.

En un mundo que a menudo percibe a las matemáticas como un laberinto de números áridos y fórmulas frías, la historia de Éver Moisés Ortega Portillo emerge como un relato de audacia, perseverancia y fronteras derribadas. Con apenas 18 años, este joven egresado del Colegio Técnico Nacional, ha transformado el lenguaje universal de los números en su pasaporte hacia los rincones más lejanos del planeta, demostrando que el talento paraguayo no conoce de límites geográficos ni de imposibles cuando hay voluntad de hierro.

Todo comenzó de manera silenciosa en las aulas de la secundaria, a los 15 años. Fue allí donde Éver sintió por primera vez ese "clic" intelectual, esa chispa que convierte una tarea escolar en una pasión de vida. Lo que para muchos era un dolor de cabeza, para él se convirtió en un rompecabezas fascinante. Su acercamiento a OMAPA fue el inicio de una metamorfosis; tras sus primeros pasos en las olimpiadas nacionales y departamentales, Éver descubrió un ecosistema donde el pensamiento crítico era la moneda de cambio. Sin embargo, su camino no estuvo exento de desafíos que pusieron a prueba su determinación: al no haber clasificado inicialmente para el taller de Jóvenes Talentos —reservado para los ganadores—, su espíritu resiliente tomó el control. Lejos de rendirse, se inscribió como oyente, movido por una curiosidad insaciable y el consejo de un compañero. Esa insistencia, ese "querer estar" a pesar de no haber sido invitado oficialmente en primera instancia, fue el cimiento de sus éxitos futuros.

El año 2024 marcó el inicio de una vertiginosa trayectoria internacional que lo llevó a Bolivia para la Olimpiada Iberoamericana y a Brasil para la del Cono Sur. Pero fue en el 2025 cuando su nombre resonó con fuerza en la Sunshine Coast de Australia, durante la Olimpiada Internacional de Matemática (IMO). En este "Mundial de las Matemáticas", frente a delegaciones de más de 100 países, Éver alcanzó la Mención de Honor tras resolver de manera perfecta y rigurosamente justificada dos de los problemas más complejos de la competencia. No fue una tarea sencilla; en un entorno de máxima presión, donde el tiempo se escurre entre los dedos, Éver llegó a dedicar dos horas y media a un solo problema, una prueba de resistencia mental que solo se supera con los años de práctica intensiva que ha cultivado.

Para Éver, estas competencias han sido mucho más que exámenes de cuatro horas y media. Han sido el escenario de un sueño hecho realidad: conocer a sus ídolos, figuras de la talla del entrenador estadounidense Po-Shen Loh, el divulgador Evan Chen y el legendario Terence Tao, considerado el mejor matemático del mundo actual.

"Esta distinción es una señal clara de que podemos trascender fronteras", afirma con una madurez que impresiona. Detrás de cada medalla y cada viaje, Éver reconoce el pilar fundamental de su familia; sus padres, quienes le facilitaron cada paso, y sus docentes, que supieron alimentar su curiosidad. No obstante, es tajante al recordar que, aunque el apoyo es vital, el éxito depende del esfuerzo individual: "Hay que estudiar", sentencia con sencillez.

Hoy, con la mirada puesta en el horizonte, Éver se encuentra en una etapa de transición vital. Tras culminar su formación en el CTN, su objetivo es claro: aplicar a becas en el exterior para formarse en Ingeniería Informática o Ingeniería Eléctrica. Quiere seguir los pasos de aquellos paraguayos que han llegado a instituciones de élite como el MIT, llevando consigo la bandera de un país que, desde 1997, ha construido un legado de excelencia matemática a través de OMAPA.

Su mensaje para otros jóvenes es una invitación a la acción directa: enfocarse, competir y no dejar pasar ninguna oportunidad. Para él, lo más valioso no son solo los teoremas resueltos, sino la red de amistades que ha tejido alrededor del mundo. Éver Ortega no es solo un joven destacado en matemáticas, es el testimonio viviente de que, con disciplina e insistencia, un estudiante de Luque puede sentarse a la mesa con los mejores del mundo y descifrar, uno a uno, los enigmas del futuro.

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