La Tribuna que cambia el juego

De los gritos a los abrazos: el nuevo comienzo de Rossana y Soledad

Desde 1985, Dequení late en el Paraguay como un abrazo a la infancia. Nació un 4 de mayo, en la sencillez de un gesto: un grupo de jóvenes del Movimi…

| Por La Tribuna
Agregar La Tribuna en
Soledad vive con su hija Ashley en la comunidad de San Antonio.

Desde 1985, Dequení late en el Paraguay como un abrazo a la infancia. Nació un 4 de mayo, en la sencillez de un gesto: un grupo de jóvenes del Movimiento Apostólico de Schoenstatt decidió acercarse a los niños que trabajaban en la zona de Calle Última. No tenían grandes recursos, pero sí algo inmenso: el deseo de que ningún niño creciera solo frente a la pobreza.

Los primeros encuentros fueron los sábados, en la Capilla Medalla Milagrosa. Allí, entre catecismo y una merienda compartida, llegaron 33 pequeños vendedores de golosinas y diarios. Eran niños con historias duras, pero con los ojos llenos de esperanza. A ellos se consagró Dequení a la Virgen María, y así comenzó un camino que, con los años, fue sumando manos solidarias hasta convertirse en una de las fundaciones más reconocidas del país.

Hoy, casi cuarenta años después, ese espíritu sigue vivo en cada proyecto y en cada familia que se anima a criar desde el amor.

Rossana lo sabe bien. Es mamá y vive en el barrio Mandarinal de Ypané, donde trabaja vendiendo remedios refrescantes desde su casa. Cuando tuvo a su hija mayor, creía que todo se aprendía recién en la escuela. Pero la llegada de Zaira, su hija menor, cambió su historia.

Zaira es una niña creativa, risueña, llena de curiosidad. Desde que tenía un año participa del proyecto Alfombrita Viajera de Dequení. Mientras ella juega y explora, su mamá también aprende. “Con Zaira estoy haciendo todo distinto”, cuenta Rossana. “Antes reaccionaba rápido, me enojaba enseguida. Ahora aprendí a respirar, a darme un momento antes de hablar, a mirarla con otros ojos”.

Hoy, cuando Zaira tiene un berrinche, ya no encuentra gritos sino contención. Rossana la escucha, la abraza, intenta comprender qué le pasa. Y los cambios se ven: aquella niña tímida, a la que le costaba acercarse a otros, ahora es la primera en ayudar cuando llega la profe de Dequení. Pasa la silla a sus compañeritos, comparte, participa. “Es otra nena”, dice su mamá.

Algo parecido ocurre en San Antonio, donde Soledad y su hija Ashley también están escribiendo una nueva historia. Ashley, de 4 años, es creativa y muy cariñosa. Desde bebé forma parte de la Alfombrita Viajera, y todo lo que aprende allí lo lleva a casa. “Yo aprendí mucho a través de ella. Lo que Ashley aprende, también me enseña a mí”, dice Soledad.

En su hogar hoy se hablan con respeto, usan las “palabras mágicas”, resuelven conflictos sin gritar y se piden perdón cuando hace falta. Pero no siempre fue así. Soledad tuvo una infancia dura, criada en casas ajenas y marcada por castigos físicos. “Antes se pensaba que pegar era la única forma de corregir. Pero yo no quiero que Ashley crezca con ese miedo con el que yo crecí. Quiero que disfrute su niñez”, afirma con firmeza.

Los talleres de crianza positiva de Dequení le mostraron que se puede educar hablando y explicando. También le ayudaron a ponerse de acuerdo con el papá de Ashley: ahora, cuando mamá dice no, papá también dice no. Los límites se sostienen con amor, y Ashley los entiende.

Los frutos se notan en la sonrisa de la niña: comparte sus juguetes, hace sus tareas con alegría, canta, baila, se relaciona mejor. Su parvularia celebra sus avances: reconoce colores, toma bien el lápiz, se anima a participar. En casa, hay más juegos, abrazos y charlas.

Historias como las de Rossana y Soledad se repiten en muchas comunidades donde llega Dequení. Detrás de cada niño que juega, aprende y sueña, hay una familia que se siente acompañada. Una mamá que ya no se cree sola, un papá que se anima a cambiar, una comunidad que se fortalece.

“Mi sueño es que Zaira crezca siendo una persona solidaria y responsable”, dice Rossana. “Sé que todo empieza en casa. Los valores se enseñan en la familia”. Soledad, por su parte, mira a Ashley y resume lo que siente en una frase: “Estoy aprendiendo a criar desde el amor”.

A quienes sostienen esta misión, ellas les hablan con gratitud. Porque cada aporte, cada gesto solidario llega a los lugares donde más se necesita y se transforma en oportunidades: en un kit escolar, en una visita de la profe, en una tarde de juegos que cambia la vida de un niño.

Desde aquel 4 de mayo de 1985 hasta hoy, Dequení sigue siendo eso: una mano tendida, un espacio seguro, un puente de esperanza. Y mientras haya niños por cuidar y familias por acompañar, esta historia seguirá escribiéndose, día a día, con la tinta más poderosa de todas: el amor hecho acción.

Rossana es mamá de tres hijos. Cuando tuvo a su hija mayor, no conocía lo que era la estimulación oportuna.
Rossana es mamá de tres hijos. Cuando tuvo a su hija mayor, no conocía lo que era la estimulación oportuna.
Rossana es mamá de tres hijos. Cuando tuvo a su hija mayor, no conocía lo que era la estimulación oportuna.
Rossana es mamá de tres hijos. Cuando tuvo a su hija mayor, no conocía lo que era la estimulación oportuna.

También te puede interesar

Últimas noticias