Lo que hoy se tiene como déficit país es parte de la histórica deuda social (1). La continuidad del statu quo se consolidará —aún más— si no se visualizan intentos por modificar la realidad (2). La esperanza de mejora inicia su marcha, como posibilidad, si se instalan hechos de reformas que, si evolucionan, insinúan una revolución positiva (3).
El primer punto se resume en la pobreza e inequidad existentes (1). El segundo, más bien se sustancia, en el giro siempre sobre lo mismo (eterno mediático plagueo) que no lleva a ningún lado (2). El tercer punto, al menos como expectativa, se habrá de generar si existe la objetividad sobre las acciones que van encarándose en la actualidad (3).
Ese método de repetir lo que se sabe, por las décadas que lleva como contenido, ya es parte de la problemática (1). Tampoco es relevante ese debate sobre las carencias de años como presunta preocupación e ignorar sus causas (2). El involucramiento útil en pro de soluciones pasa por discernir y alentar posturas que resuelvan o puedan aliviar las deficiencias, que en suma de todas ellas hacen que se mantenga a parte de la sociedad en estado vulnerable y paupérrimo (3).
Invitamos a los lectores a concentrarse sobre el último ítem (3). ¡Corresponde! Eso conllevará a visualizar realidades que impactan sobre la economía de la mayoría y que, de prosperar, podrán forjar una mejora en la calidad de vida. Es momento de dejar al costado eso de hacer lo mismo de siempre (1) o solo mostrar las consecuencias y no atacar las causas, las raíces (2).
Buscando lo diferente (3), es conveniente respaldar el plan de reforma agraria que impone hoy dos condiciones: la titulación masiva y la anulación del pago del 3% por el valor de la propiedad para la formalidad. Lo otro es la Caja Fiscal, que requiere urgente actualización por dos razones: por ser injusta y porque carcome (pone en riesgo) el Tesoro Nacional.
Esos dos puntos, que nunca tuvieron la atención del poder, merecen estar en la agenda pública. Con la salvedad que tienen que ser atendidas con actitud para que avancen en su corrección. En consecuencia, hay que valorar la decisión de reivindicar al sector campesino, como igualmente corresponde destacar el coraje existente para afrontar el déficit que genera el manejo de la jubilación.
No queremos caer en el aplauso fácil. Tampoco es nuestro estilo solo observar las baldosas negras. El refrito termina siendo tóxico. Sí queremos poner énfasis en los signos de revolución positiva que muestra el Gobierno de Peña. Ahí creemos oportuno marcar la agenda de prioridad nacional.
Por mencionar otros hechos, a los temas agrarios y la Caja Fiscal agregamos que el Gobierno ya bajó por décima tercera vez el combustible y una entidad pública inició sumarios a algunos frigoríficos (algo increíble), entonces, corresponde el criterio razonable de alentar que tales procesos avancen.
Es fútil mantener el análisis sobre el libreto repetido (1). Igualmente, es precario mostrarse indignado y, por comodidad o color político, desconocer los esfuerzos de cirugía sobre los factores que pueden estar incidiendo en la pobreza que viene de años (2). Lo revolucionario, hasta como agenda mediática, es alentar a que se haga lo que corresponda en justicia en busca de la equidad social (3).


