Estamos a ocho días de recibir un nuevo año. El mundo cristiano celebra esta medianoche el nacimiento de Jesucristo. Son motivos para reflexionar sobre el 2025 que se va y, a partir de eso, proyectar el 2026 que está llegando.
Una manera de buscar el análisis que pueda ser útil es iniciando por la mirada interna (1). El paso siguiente es observar algún compromiso de aporte por el bien de la vida en sociedad (2). Por último, construir el dibujo de cómo irá el año próximo, pero teniendo en cuenta antes esos dos puntos mencionados (3).
Lo más difícil, posiblemente, es auscultarse uno mismo, pues conlleva registrar errores cometidos para evitarlos, aunque también lo bueno para potenciarlos (1). Igual es complicado prometer el aporte personal proactivo para la convivencia colectiva, que es deber ciudadano con la República (2). Ya por una cuestión de interés general, y por propia autoestima nacional, es saludable idealizar el devenir (3).
Aunque no haya costumbre sobre la evaluación interna (1), el compromiso con el país (2) y el entrenamiento para dibujar una agenda país (3), lo cierto es que el final de año es un momento especial. Una mayoría, lo probable, se dejará llevar únicamente por el festejo ruidoso, y otros entrarán en la melancolía por los seres queridos que ya no están.
Lo cierto es que cada final de año ofrece una cierta pausa natural. Sirve para evaluar logros, desafíos, aprender de las malas experiencias, agradecer los buenos hechos, hasta perdonar y establecer intenciones para el futuro. Saber cerrar ciclos y abrir nuevos horizontes es una forma razonable de crecimiento.
Es sabido que una visibilidad de propósito tiene porcentaje de éxito cuando el análisis comienza sobre uno mismo (1). Eso hará posible medir con cierta certeza la intención de dar en pro de la nación (2). Con esos dos elementos de por medio, consolidados, se podrá encarar como ciudadanía el qué y cómo se quiere al Paraguay en este nuevo período que se acerca (3).
La nación próspera no será una obra de magia. Para eso, Paraguay precisa de cada habitante. Tampoco sirve eso de hacer promesas al país cuando no hay sinceridad, cuyo primer tramo es conocerse uno mismo (1). Posterior a eso podrá hablarse sobre la colaboración que habrá de darse (2). Recién en la escala final está el derecho de anhelar una República desarrollada y equitativa (3).
El diario La Tribuna hará su propio examen sobre estos meses de reapertura (1). Ratificará su responsabilidad como medio de prensa con la sociedad, que la tenemos plenamente asumida (2). Ya a riesgo de equivocarnos, nos guiaremos por las estadísticas y los hechos positivos para pensar con optimismo y confianza que el 2026 será un gran año para la República del Paraguay.
Por de pronto, ¡nos sumamos a los festejos deseando una feliz Navidad para nuestros lectores, auspiciantes y colaboradores!


