Ni derecha ni izquierda, a favor de quienes trabajan

En este corto tiempo de nuestro retorno como medio impreso (todavía no son dos meses) recibimos cartas de los lectores que nos piden definir nuestra …

| Por La Tribuna-

En este corto tiempo de nuestro retorno como medio impreso (todavía no son dos meses) recibimos cartas de los lectores que nos piden definir nuestra posición, si el diario es de izquierda o de derecha. Nuestra historia de 100 años nos obliga a mantener una postura a favor de la población paraguaya.

Aunque observando a los medios colegas de Paraguay no sentimos que exista prensa de izquierda ni de derecha. Más bien, con excepciones, la división es entre los que son anti y quienes están a favor del poder político. Hasta con alguna razón es posible decir que quienes hoy están en contra, ayer estuvieron a favor, y viceversa.

Reafirmamos que no caeremos en eso de “la prensa anti” y “la prensa a favor”. Nuestra filosofía está bien sólida. Pues lo que está bien merece la distinción, y lo que está errado debe tener la posibilidad de la debida corrección, toda vez que sea aclarado.

Como sea, todos los extremos fanáticos siempre terminan por empujar hacia una línea editorial sesgada, ya sea en contra o a favor de una persona, entidad, gobierno o proyecto político específico. Si se asume que lo dicho en el párrafo es correcto, entonces no hay un deber de la inclinación como barra brava.

Un diario centenario como el nuestro tampoco puede permitir moverse de acuerdo al contexto social o la coyuntura política. En ese aspecto, igualmente, la postura está bien definida. Realmente estamos con la gente que trabaja, y que merece mayor espacio mediático.

La existencia de esos moldes de contra o a favor refleja la falta de imparcialidad de la prensa. La misma opinión pública no puede aceptar que intereses particulares (políticos o económicos) de los editores o propietarios puedan influir en la línea editorial, afectando la objetividad de la información y la formación de la opinión pública.

El editorial de ayer se refirió al error de pretender usar a los medios como garrote o de querer hacerlos víctima. Es que toda prensa sesgada daña la democracia y la sociedad al crear una visión distorsionada de la realidad, fomentando la polarización, y con eso debilitando la confianza de la opinión pública.

Al descartar que en Paraguay haya grandes conglomerados de comunicación de izquierda y de derecha, queda en evidencia que sí existen “la prensa anti” y “la prensa a favor”. Ambas estarían no dando lo mejor de sus capacidades periodísticas y por ende, en presunción, negando mejor información a la sociedad receptora.

La Tribuna considera que la información de manera parcial, el “sesgo mediático”, puede estar distorsionando la verdad. De ser así, se afecta el derecho a la información de la gente. Lo peor, incentiva la polarización, y con eso intensifica las divisiones políticas y sociales. Esa actitud deliberada, categóricamente, no es la razón de ser de nuestro diario.

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