Cuando se analiza al país, la concentración evaluativa se hace sobre los tres poderes del Estado. ¡Eso es lógico! Hagamos un valor agregado: asumiendo que la prensa es el “cuarto poder” y, en ese tren de medir el aporte al Paraguay, entonces corresponde también escudriñar la influencia positiva o negativa de los medios de comunicación en la sociedad.
Aunque representa una carga de presión para quienes estamos en el oficio de informar, será saludable el esfuerzo de la mirada sobre el beneficio o algún posible daño que se agrega a la nación a través de la prensa. Obvio, es más fácil encontrar la falla en el otro que la introspección sobre uno mismo, pero debe hacerse al existir la intención declarada sobre el objetivo de una mejor sociedad.
El término “cuarto poder” referido a la prensa, sin embargo, genera posiciones encontradas. Unos consideran que es una definición que corresponde como misión profesional, otros sostienen que es una pretensión exagerada y están hasta quienes sostienen que es una calificación indebida.
Como sea, hay un consenso en que los medios de comunicación se destacan por su capacidad de influir en la política y actuar como un contrapeso a los tres poderes clásicos del Estado: Ejecutivo, Legislativo y Judicial. El primer punto exige credibilidad, sin la cual, será difícil tener ascendencia, y lo segundo es un deber al que no se puede renunciar.
Un hecho cuasi instalado es que cualquier persona o grupo que sea, cuando analiza al país, busca la divulgación de su informe por la prensa. Lo llamativo es que no hay hábito en someter igualmente en observatorio la tarea periodística (por su compromiso con la verdad, la ética, la pluralidad, el equilibrio, etcétera), al contrario, es la vía que se cree legitima el trabajo analítico sobre la nación guaraní.
Los medios, efectivamente, tienen un valor especial por su esencia en la fiscalización al Gobierno, la distribución de noticias y la formación de la opinión pública. Es un capital que exige transmitir confianza y, en que, como cualquier actividad humana, está sujeta a la medición de su efectividad o no en beneficio de la sociedad.
Así como es fundamental, crucial, para la democracia, por su obligación de monitoreo a los tres poderes del Estado, también ese “cuarto poder” es pasible de análisis y crítica. Debe asumirse que para que tenga valor sus notas, entrevistas y opiniones debe tener crédito. De lo contrario, estará lejos de marcar agenda y sí estará más cerca de la manipulación.
La prensa, categóricamente, debe ejercer control sobre los tres poderes del Estado, pero no es ningún suprapoder exenta del reparo. Este último, más que verse como un ataque a la libertad de expresión, ayuda a sostener su esencia, que es el periodismo de prestigio con efectivo impacto en toda la vida republicana.


