Paraguay cerró el 2025 con señales alentadoras en materia económica, pero el escenario que se abre hacia adelante exige definiciones de fondo. Más allá de las cifras de crecimiento, el desafío pasa por orientar las inversiones hacia sectores que generen divisas, fortalezcan las exportaciones y consoliden al país como proveedor confiable en los mercados internacionales.
El balance del año que terminó deja una lectura dual. Por un lado, la economía logró sostener un ritmo de expansión cercano al 6%, incluso en un contexto adverso marcado por la caída de la producción agrícola y los efectos de la sequía en varias zonas del país. Por otro lado, ese crecimiento vuelve a poner sobre la mesa viejos desafíos estructurales que, de no abordarse, pueden limitar el potencial de desarrollo en el mediano plazo.
Desde la óptica del sector comercio y servicios, el desempeño de 2025 estuvo fuertemente apuntalado por el dinamismo del consumo y por el repunte del turismo de compras, especialmente en ciudades fronterizas. La mejora del tipo de cambio real y una menor presión del contrabando contribuyeron a fortalecer el circuito formal, generando un efecto multiplicador sobre la actividad económica.
En este contexto, Ricardo Dos Santos, presidente de la Cámara Nacional de Comercio y Servicios del Paraguay, sostiene que el momento actual obliga a mirar más allá del corto plazo. Para el dirigente, no se trata solo de atraer inversiones, sino de priorizar aquellas que agreguen valor, generen divisas y amplíen la capacidad exportadora del país.
Uno de los hitos más relevantes del cierre de año fue la obtención del segundo grado de inversión para la deuda soberana. La mejora en la calificación crediticia refuerza la imagen de estabilidad macroeconómica y abre nuevas oportunidades de financiamiento en mejores condiciones. Sin embargo, desde el sector privado advierten que mantener ese estatus requiere disciplina fiscal y reglas claras.
En ese sentido, la transparencia en las cuentas públicas aparece como una de las principales demandas. La previsibilidad fiscal no solo impacta en la confianza de los inversionistas, sino también en la planificación de proveedores y empresas que dependen de un Estado cumplidor. La claridad en la ejecución presupuestaria y en los compromisos financieros es vista como una condición básica para sostener el crecimiento.
Otro punto crítico es la situación de la Caja Fiscal, cuyo déficit anual representa una presión creciente sobre las finanzas públicas. Las propuestas de reforma están sobre la mesa, pero el debate gira en torno a la necesidad de soluciones técnicas de largo alcance que eviten trasladar el problema a futuras generaciones. A esto se suma el desafío del Instituto de Previsión Social, cuya sostenibilidad es clave tanto para trabajadores como para empleadores.
Más allá de los números, el debate económico también incluye factores estratégicos. La independencia técnica del Banco Central, la eficiencia del gasto público mediante el uso de tecnología y la inversión en infraestructura logística son elementos centrales para mejorar la competitividad del país. Rutas, puertos, aeropuertos y energía confiable forman parte del paquete que demandan los inversores.
El frente energético, en particular, genera preocupación. Si bien Paraguay cuenta con una matriz hidroeléctrica privilegiada, la capacidad actual se acerca a su límite. Pensar alternativas que garanticen suministro estable a una industria en expansión es parte de la agenda que se proyecta hacia los próximos años.
De cara a 2026, el interés de capitales extranjeros, especialmente de origen regional, vuelve a colocar a Paraguay en el radar. La clave, coinciden desde el sector privado, será seleccionar proyectos que no solo generen empleo, sino que permitan al país dar un salto cualitativo en su inserción internacional. El crecimiento está en marcha; sostenerlo dependerá de decisiones estructurales que definen el rumbo económico en el largo plazo.


