Economia

Tierra y gestión, las claves que el crédito no reemplaza

La experiencia del agro familiar muestra que el financiamiento, sin tierra regularizada, capacitación y organización, no genera cambios estructurales en la producción ni en los ingresos.

| Por La Tribuna
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En el debate actual sobre el futuro del agro familiar se refuerza la idea de que sin seguridad jurídica sobre la tierra el crédito pierde impacto. Trabajar parcelas sin títulos no solo impide acceder a mejores condiciones financieras, sino que también desalienta la inversión a largo plazo. “Sin título no hay inversión posible”, sostiene Héctor Cristaldo, presidente de la Unión de Gremios de la Producción, al analizar los desafíos que enfrenta el pequeño productor.

La falta de titulación limita decisiones clave como, por ejemplo, desde la incorporación de tecnología hasta la mejora de infraestructura básica como sistemas de riego, almacenamiento o mecanización. En muchos casos, el productor termina utilizando el crédito para sostener la campaña, pero sin generar un cambio estructural que le permita crecer.

Solo en el 2025, el Crédito Agrícola de Habilitación otorgó más de 40.000 préstamos, con una inversión que superó los G. 560.000 millones y una tasa de morosidad inferior al 2%. La cobertura llegó incluso a zonas rurales de difícil acceso, lo que evidencia una mayor presencia del Estado en el territorio. Sin embargo, el impacto productivo no siempre acompaña ese esfuerzo financiero.

“El crédito es una herramienta importante, pero es solo una parte del problema”, advierte Cristaldo. A su criterio, el verdadero salto se logra cuando el productor cuenta con respaldo legal sobre su tierra y además incorpora criterios de gestión que le permitan administrar costos, planificar la producción y negociar mejor su producto.

La gestión aparece como un desafío. Durante décadas, el apoyo al pequeño productor estuvo centrado en la entrega de insumos o recursos, muchas veces sin acompañamiento técnico ni comercial. El resultado arroja buenos rendimientos productivos, pero márgenes ajustados o pérdidas por falta de planificación y escaso acceso a información de mercado.

“La capacitación no puede ser un complemento, tiene que ser parte central del proceso”, señala el dirigente gremial. Entender precios, costos, volúmenes y tiempos de venta es tan relevante como producir bien. Sin ese conocimiento, el productor queda expuesto a intermediaciones desfavorables y a una alta vulnerabilidad frente a los cambios del mercado.

Un tercer factor clave es la asociatividad. Trabajar de manera individual suele implicar mayores costos y menor poder de negociación. En cambio, la organización en cooperativas o asociaciones permite ganar escala, reducir gastos y acceder a mercados más exigentes. Existen experiencias concretas de grupos reducidos de productores que, con una estructura ordenada y objetivos claros, lograron facturaciones cercanas al millón de dólares anuales.

Estos casos muestran que la agricultura familiar puede transformarse en un negocio viable cuando se combinan las condiciones básicas de tierra regularizada, el acceso al financiamiento, la gestión profesional y el trabajo colectivo.

“Si se le dan las herramientas correctas, el productor paraguayo puede crecer”, finaliza Cristaldo.

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