Economia

La sostenibilidad fiscal exige decisiones más estratégicas

La saga del déficit fiscal cero no termina en 2025; es una visión a largo plazo. Un Paraguay con presupuestos base cero y superávits primarios podría…

| Por César Addario Sojancic
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La saga del déficit fiscal cero no termina en 2025; es una visión a largo plazo. Un Paraguay con presupuestos base cero y superávits primarios podría invertir más en salud, educación y tecnología, reduciendo la pobreza y atrayendo inversión extranjera. El costo de no actuar sería “demasiado alto”. La sociedad paraguaya, desde el Gobierno hasta los ciudadanos, debe escribir el final de esta saga, decidiendo si el déficit cero será un triunfo o un sueño inalcanzado.

En esta duodécima entrega de la serie “Los orígenes del desequilibrio fiscal en Paraguay: una perspectiva técnica y comparativa”, cerramos el ciclo iniciado en el capítulo 1 con el salto del déficit de 1,2% del PIB en 2011 a 2,5% en 2012 por el incremento salarial del 38% en el sector público (G. 1,1 billones), que elevó el gasto corriente al 80% del presupuesto total y redujo la inversión pública al 2,1% del PIB (vs. 4,75% regional). Los capítulos 2-4 diseccionaron la rigidez estructural: salarios y pensiones representaron el 62% del gasto primario en 2020 (BCP), con la Caja Fiscal en desbalance actuarial de 1,8 aportantes por jubilado y pasivo contingente de USD 2.500 millones (proyección MEF 2024, modelo OLG con tasa descuento 4,2% real). Los capítulos 5-7 cuantificaron el shock exógeno: sequía 2019 (-1,8% PIB, elasticidad soja -0,42) y pandemia 2020 (+7,8% déficit financiado con USD 1.600 millones en bonos soberanos a 5,125%, spread 420 pb). El capítulo 8 modeló el Pacto con el FMI (ICP 2022): metas de déficit 3% 2024, 1,5% 2026, con condicionalidades de formalización (mipymes +120.000, elasticidad ingreso 1,15) y factura electrónica (+G. 1,8 billones en recaudación 2024, VAR estimado +0,38 pp PIB). El capítulo 9 propuso reforma previsional vía AFP: transición 10 años, edad 62, aporte 25% (16% trabajador, 9% empleador), fondo de transición USD 952 millones (bonos 30 años a 4,5%, duración modificada 18,2). El capítulo 10 demostró que el déficit cero no es utopía: superávit primario mayo 2025 (0,19% PIB, MEF) y déficit corriente enero 2025 (0,1% pese a gasto +41,8% interanual, descomposición cíclica -0,28 pp). El capítulo 11 proyectó el costo de inacción: +1 pp déficit crónico = USD 120 millones anuales en intereses (sensibilidad deuda 0,92); colapso previsional 30% PIB en 2045 (simulación estocástica, 95% CI 28-32%).

El legado técnico se cuantifica en indicadores de sostenibilidad fiscal intertemporal. La Ley de Responsabilidad Fiscal (LRF) 2024 impone: (i) techo de gasto primario indexado al PIB potencial (4,2% Banco Mundial 2025-2030, filtro HP λ=6,25); (ii) regla de oro: deuda solo para inversión productiva (multiplicador DSGE FMI 1,5-2,0, IC 95% 1,3-2,2); (iii) Fondo Soberano con USD 400 millones iniciales de regalías Itaipú, rendiendo 4,8% real en bonos verdes (duration 7,4 años). La deuda/PIB cayó al 32% (vs. 38% 2022); reservas internacionales cubren 6,2 meses de importaciones (BCP junio 2025, ratio cobertura 142%). Moody’s Baa3 estable (2024, Z-score 2,1) y Fitch +BB (proyección 2026, probability of default 1,8%) validan el sendero, con spread soberano en 280 pb (vs. 450 pb 2021, regresión panel -12 pb por notch). El superávit primario acumulado 2024-2025 (0,8% PIB) permitió amortizar USD 320 millones de deuda interna (duración promedio 6,8 años) y liberar G. 2,1 billones para capital (elasticidad inversión/PIB 0,68).

La optimización del gasto se modela vía programación lineal (MEF 2025): reasignación de 12% del gasto corriente (G. 3,8 billones) a inversión resiliente con TIR > 8%. Proyectos prioritarios: riesgo climático (retorno 6,2% anual, NPV USD 1.800 millones, payback 8 años), electrificación rural (cobertura 92% → 99% para 2030, reducción pérdidas 420 GWh/año) y banda ancha 5G (inversión USD 1.200 millones vía APP, IRR 11,4%). El multiplicador fiscal de capital público (1,8 CEPAL, panel VAR) genera 0,9% PIB adicional anual, cerrando la brecha de infraestructura (USD 22.500 millones hasta 2030, modelo gap CEPAL). La formalización tributaria eleva la tasa efectiva a 11,2% 2025 (vs. 9,8% 2022), con elasticidad ingreso/PIB 1,15 (estimación GMM), capturando 0,4 pp de PIB estructural.

El sector energético consolida el legado vía desregulación. Itaipú y Yacyretá generan el 20% de ingresos fiscales; el mercado spot 2026 (ente regulador solvencia 120%, índice Herfindahl < 1.800) elimina pérdidas de distribución (14,2% → 8% para 2028, modelo Perú). El gasoducto Norte (USD 1.800 millones, PPP 30 años, TIR 9,8%) diversifica la matriz (gas 15 % generación 2030) y reduce volatilidad PIB (-1,2% en sequías extremas, simulación Monte Carlo). Subsidios focalizados (USD 4,5/mes para 300.000 hogares vulnerables vía transferencias directas, targeting error 8%) ahorran G. 1,4 billones anuales vs. universal regresivo (coeficiente Gini subsidio 0,42).

La transición AFP reduce el déficit actuarial de 1,8% PIB 2030 a 0,6% 2040 (modelo actuariales, tasa reemplazo 60% alineada OCDE). El fondo de transición (bonos 30 años, cupón 4,5% USD, convexidad 312) amortiza el pasivo legado sin presión fiscal. El retorno social de capital humano (12% Psacharopoulos, meta 45.000 egresados técnicos 2030) supera el costo de ajuste (0,3 pp PIB transitorio). Escenario base (FMI Article IV 2025): déficit 1,5% 2026, PIB per cápita USD 7.800 2030, pobreza 15%, IED 5% PIB. Escenario inercial (déficit 4%): PIB per cápita USD 6.200, pobreza 28%, deuda 48% PIB. La vigilancia ciudadana —#DéficitCeroYa (280.000 usuarios, auditoría blockchain, reducción sobreprecios 18% piloto MOPC 2024)— institucionaliza la rendición de cuentas.

¡Paraguay, despierta! En 2035, la historia no recordará decimales, sino la generación que convirtió regalías hidroeléctricas en capital humano, sequías en resiliencia, populismo en prosperidad. Con reservas holgadas, crecimiento 4,8% 2025 y grado de inversión, tenemos la ventana histórica. El déficit cero no es meta técnica: es el juramento de una nación que elige el futuro sobre el presente, la grandeza sobre la mediocridad, la libertad sobre la dependencia.

¡Escribamos el capítulo final con sangre guaraní y números de acero: un Paraguay soberano, próspero, eterno!

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