Tras su presidencia (1912-1916) y un período de fuerte influencia en los gobiernos posteriores, se desató una irreconciliable división dentro del Partido Liberal: por un lado, la facción liderada por Schaerer y los Saco Mbyky (liberales no oficialistas, colorados y militares descontentos); por otro, la del presidente Eusebio Ayala y los Saco Puku (liberales oficialistas, Guggiari, Gondra, los Ayala y militares institucionalistas), pugna que culminó con la derrota de los Sako Mbyky y el exilio temporal de Schaerer.
A su regreso de Buenos Aires, durante un período de amplia amnistía y libertades bajo la presidencia del doctor Eligio Ayala, Schaerer fundó el diario La Tribuna el 31 de diciembre de 1925, iniciando una trayectoria de casi seis décadas, hasta su cierre definitivo en 1983.
Aunque nació en gobiernos liberales y se le conoció como La Tribuna Liberal o simplemente Tribuna Liberal, no fue un medio acrítico con el propio partido. Prueba de ello fue su dura postura contra el gobierno de José P. Guggiari tras la masacre del 23 de octubre de 1931. Años después, uno de sus redactores, Policarpo Artaza, reconocería que aquellos hechos no fueron responsabilidad directa del Gobierno, sino producto de un intento de golpe orquestado por sus opositores para desestabilizarlo.
Durante la Guerra del Chaco (1932-1935), La Tribuna tuvo un rol determinante en elevar la moral de las tropas y de la población. Sus suplementos especiales con información detallada del conflicto constituyen hoy un valioso material histórico.
Fue el primer periódico paraguayo de gran tirada nacional e incluso con difusión internacional, consolidándose como el medio impreso más influyente del país durante décadas. Incorporó innovaciones como rotativas modernas y una red de distribución que llegaba a todo el territorio, algo inédito en la época.
Tras la muerte de Eduardo Schaerer en 1941, la dirección pasó a su hijo Arturo Schaerer, quien transformó La Tribuna en un referente de periodismo ético y valiente, abandonando la alineación partidaria estricta y proclamando la independencia editorial del diario, un hito que marcó un antes y un después en la prensa libre paraguaya.
Esa independencia le permitió criticar abiertamente las dictaduras, comenzando por la de Higinio Morínigo (1940-1948), a quien acusó de autoritarismo y represión. Se convirtió así en un bastión de la libertad de expresión durante esa época y en el convulso período colorado posterior (1948-1954), hasta el ascenso del general Alfredo Stroessner.
En 1953, Arturo Schaerer recibió el Premio María Moors Cabot de la Universidad de Columbia (EE.UU.), el galardón más antiguo y prestigioso del periodismo internacional, en reconocimiento a su labor en La Tribuna por la libertad de expresión.
En su época dorada, mantuvo una tirada diaria de decenas de miles de ejemplares, con secciones de política, economía, cultura y deportes, y colaboraciones de grandes intelectuales.
También incorporó la prensa paraguaya a la globalización y a la más moderna tecnología de transmisión de noticias, mediante una alianza con la agencia United Press International (UPI), gracias a la cual las noticias internacionales llegaron por primera vez al país en cuestión de minutos.
Sus lemas —“La primera voz de la mañana”, “Una prensa al servicio de la sociedad” y “El decano de la prensa nacional”— resonaron en un Paraguay que transitaba hacia la modernidad en medio de fuertes retrocesos cívicos y políticos.
El período más desafiante llegó con la dictadura de Alfredo Stroessner. El régimen vio en La Tribuna una amenaza constante por su oposición frontal a la corrupción, la censura y las violaciones a los derechos humanos. Durante los años 60 y 70 el diario sufrió múltiples clausuras temporales, incautaciones de ediciones, detenciones de periodistas y presiones económicas.
La dirección de La Tribuna pasó de don Arturo Schaerer a su yerno, Carlos Ruiz Apezteguía, en 1972, quien ya llevaba casi dos décadas como administrador general.
La Tribuna fue suspendida por 30 días en junio de 1979, bajo la dirección de Óscar Paciello, junto con Última Hora, por criticar el alza de la nafta y la miseria durante las inundaciones.
Aun así, el periódico nunca cedió. En 1980 sufrió otro cierre temporal que obligó al exilio parcial de su equipo, pero regresaron en marzo de 1981 con nuevas técnicas de impresión y un rediseño moderno, intentando revitalizar su circulación.
Sin embargo, los problemas financieros —agravados por boicots estatales, publicidad retirada y la crisis económica general— erosionaron su viabilidad. El hostigamiento se intensificó en 1983 con interferencias en la distribución y amenazas directas a sus vehículos de reparto.
Finalmente, el 24 de septiembre de 1983, tras 57 años y 9 meses de existencia, La Tribuna cerró definitivamente sus puertas. La decisión fue consecuencia de la insostenibilidad económica y la persecución implacable del régimen de Stroessner (que al año siguiente clausuraría también Abc Color).
La empresa editorial fue legalmente disuelta y sus activos remanentes transferidos al nuevo Diario Noticias, del grupo Nicolás Bo, proyecto editorial completamente distinto que operó desde 1984 hasta su cierre en el 2005 por problemas financieros.
El cierre definitivo de La Tribuna (1925-1983) simbolizó el ocaso de una era dorada del periodismo valiente en Paraguay. Su legado permanece: fue el primer medio en criticar abiertamente las dictaduras paraguayas y defendió la libertad de prensa en un país donde ser libre se había convertido en un acto de alto riesgo.
(*) Senador nacional e historiador






