Paraguay y Uruguay comienzan a ocupar un lugar más visible en el mapa regional de inversiones productivas. En un contexto marcado por la incertidumbre económica y la volatilidad política en la región, ambos países aparecen asociados a una estabilidad macroeconómica, previsibilidad y reglas claras para el capital.
Este posicionamiento fue analizado en un encuentro empresarial realizado en Porto Alegre, donde inversores y especialistas con experiencia en la región evaluaron las condiciones para proyectos de largo plazo. La atención se centró en economías vinculadas a la producción real, con bajo nivel de riesgo macro y capacidad de sostener flujos de inversión.
Paraguay fue uno de los focos principales del análisis por su desempeño macroeconómico. Proyecciones de crecimiento del producto interno bruto cercanas al 6% para 2025 y al 4% para 2026, junto con inflación controlada, bajo déficit fiscal y deuda pública moderada, formaron parte de los elementos considerados por los inversores.
El país fue señalado además por su potencial en el agronegocio y en el mercado de tierras, en un proceso de expansión productiva aún en desarrollo. A esto se suma su ubicación dentro del Mercosur, que permite operar hacia un mercado ampliado con costos operativos más bajos, energía competitiva y un esquema tributario comparativamente liviano.
Uruguay fue presentado como un complemento dentro de una estrategia regional. Su cadena agroindustrial integrada, la solidez institucional y el dinamismo del mercado inmobiliario rural lo posicionan como una opción para diversificar inversiones productivas. En conjunto, ambos países aparecen cada vez con mayor presencia en la agenda de inversión del Cono Sur.


