Unidos, peleando y dejando el alma en la cancha. El paraguayo entiende de sacrificio, sabe de lucha y de situaciones donde la adversidad aparece avasalladora y tajante, definitiva, pero termina por sobreponerse gracias al carácter y la garra paraguaya.
Paraguay volvió a hacerlo. Cuando la historia parecía exigir una noche perfecta, cuando el rival era uno de los gigantes del fútbol mundial y cuando el margen de error era mínimo, apareció esa versión de la Albirroja que sigue convirtiendo sueños en realidad.
La selección paraguaya derrotó a Alemania en los penales y consiguió una clasificación que quedará grabada para siempre, que marcará generaciones. No fue solamente un triunfo deportivo. Fue un golpe al tablero mundial, acá está la “tercera categoría” que los teutones iban a pasar “caminando”; bueno, caminando se van para el aeropuerto. La camiseta guaraní se debe respetar, porque está reservada para las grandes gestas.
Muchos paraguayos vivieron por primera vez lo que significa una hazaña mundialista. Nuevas generaciones que crecieron escuchando historias de Francia 1998, de la resistencia ante las potencias, como la propia Alemania en 2002, del equipo que llegó a cuartos de final en Sudáfrica 2010 e hizo tambalear a España, ahora tienen su propio recuerdo: tumbar a una tetracampeona del mundo.
Porque los mundiales también se construyen de recuerdos. De esas noches que pasan de padres a hijos, de imágenes que quedan para siempre y de partidos que dejan de pertenecer solamente a los protagonistas para convertirse en patrimonio de un país entero.
Alemania llegaba con el peso de su historia, con una estructura poderosa y con una camiseta acostumbrada a este tipo de escenarios, no había perdido nunca en penales en Mundiales, hasta que se encontró con la Albirroja.
Paraguay, por su parte, respondió con identidad, con carácter y con una convicción que fue creciendo con cada minuto, sabiendo que jugaban 11 jugadores (o 17), pero con más de siete millones de compatriotas empujando desde cada rincón del planeta.
La Albirroja regaló a las nuevas generaciones su primera gran alegría mundialista. También a aquellos que pasaron por la escuela y el colegio, y lo terminaron, sin tener el privilegio de llevar un televisor para vivir y vibrar con la selección en una Copa del Mundo.
Esos jóvenes de menos de 20 años que tienen su primer recuerdo verdadero de una hazaña paraguaya, de un triunfo que lo festejamos todos y que elevan la moral para lo que venga.
Les tocó también sufrir la definición desde los doce pasos, así como contra Japón hace exactamente 16 años, probando cada fibra de su sistema nervioso.
El camino todavía continúa. La Copa del Mundo todavía tiene más páginas por escribir. Pero Paraguay ya dejó una marca grande. Ahora, el siguiente paso dice que la Albirroja volverá a jugar el sábado a las 16:00 en Filadelfia con rival a confirmar, saldrá del ganador del cruce entre Francia y Suecia.
Pero no importa quien sea, la Albirroja cazadora de utopías está lista para hacerle frente a quien sea para que todo un país disfrute de sus hazañas.


