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Pelota al piso y paños fríos que la Albirroja sigue haciendo historia

Paraguay está clasificado y está en el ánimo de nuestros guerreros guaraníes seguir con la hazaña en la Copa del Mundo. Alemania se presenta en el camino y aunque la batalla parezca difícil, nada es imposible. El sueño sigue vivo.

| Por Gerardo Benitez Monges
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El plantel reanudó ayer sus actividades con la mente puesta ya en Alemania; hay optimismo y buen ambiente en la Albirroja con miras a este compromiso.

Más allá de cualquier declaración, opinión o idea, sea de quien sea y venga de donde venga, Paraguay está donde soñó estar durante mucho tiempo: en una Copa del Mundo, compitiendo de igual a igual frente a las mejores selecciones del planeta y escribiendo una nueva página en su rica historia futbolística.

No caigamos en el mismo error de hablar a destiempo y distraer de lo que se viene, un encendido partido nada más y nada menos que contra Alemania, donde el fútbol y el tiempo nos presenta una linda revancha recordando aquella derrota en el Mundial de Corea-Japón 2002, por la mínima diferencia de 1-0, ya sobre el epílogo del partido.

El camino recorrido hasta este punto no ha sido sencillo. Hubo golpes, momentos de incertidumbre y desafíos que parecían enormes, pero este grupo supo levantarse, mirar hacia adelante y demostrar que el carácter y la garra guaraní siguen más vigentes que nunca. Hoy, el foco está puesto en lo verdaderamente importante como lo es el compromiso de mañana ante Alemania, un capítulo decisivo en esta aventura mundialista que mantiene en vilo a millones de paraguayos.

La ilusión continúa intacta; el sueño sigue vivo. Y mientras la camiseta albirroja siga saltando al campo de juego con el orgullo de representar a todo un país, habrá motivos para seguir creyendo. Porque este equipo ya consiguió algo invaluable, devolverle a Paraguay la emoción de sentirse protagonista en la mayor fiesta del fútbol. Ya lo dijo el capitán Gustavo Gómez, “vamos a pelear hasta el final, necesitamos de todos”.

La historia todavía no está terminada, nada está dicho. Al contrario, sigue escribiéndose partido a partido, minuto a minuto, con sacrificio, humildad y una convicción inquebrantable, por lo que, pase lo que pase, esta generación ya dejó una huella imborrable en el corazón del pueblo paraguayo, que vuelve a abrazarse a una ilusión mundialista y a soñar en grande.

¡Vamos Paraguay que se puede!

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