La Albirroja no estuvo sola en San Francisco. La victoria ante Turquía tuvo un protagonista bullicioso y fundamental, una hinchada que hizo suyas las gradas del estadio californiano.
Miles de compatriotas transformaron cada minuto del partido en un grito de aliento. La camiseta albirroja se multiplicó por el recinto con banderas y carteles de apoyo. Un pedazo del Defensores del Chaco en los Estados Unidos.
Y el equipo respondió en la sobre el césped, corriendo por cada pelota como si fuera última, metiendo piernas cuando debía y defendiendo con valentía y altura en cada incursión antagónica. Todo esto, empujado por una hinchada que hizo su parte; alentando, gritando, saltando y hasta dedicando “hermosas” palabras al nefasto árbitro del encuentro.
La maquinaria ya está en marcha y se logró trasladar esa conexión del mítico estadio de Sajonia hasta el norte del continente, donde se espera, en los próximos encuentros, aún más almas paraguayas que pondrán de su parte para llevar a la Albirroja hasta lo más alto.



