El Mundial 2026 empieza a mostrar su “lado B” con selecciones de tercera o cuarta línea que le supieron hacer frente a las gigantes y, a partir de allí, se hicieron conocer historias individuales de cada una de ellas que rápidamente coparon las redes sociales.
Pero más allá del color de esos relatos, nos centramos en una realidad observada estos primeros 24 partidos de la fecha inicial; en el fútbol actual, la historia pesa, pero ya no alcanza. Las camisetas más prestigiosas siguen teniendo valor, los campeones siguen siendo candidatos y las grandes figuras continúan marcando diferencias, pero cada partido demuestra que el juego tomó otra velocidad.
El primer impacto llegó con las selecciones sudamericanas. Paraguay, Ecuador, Brasil y Uruguay fueron los primeros representantes de Conmebol en aparecer en escena y ninguno pudo ganar. Dos derrotas y dos empates encendieron una discusión que suele aparecer cada cuatro años: ¿las Eliminatorias sudamericanas son realmente la competencia más difícil del planeta o esa fortaleza no siempre se traslada a la Copa del Mundo?
Argentina y Colombia aparecieron después para cambiar el panorama. La Albiceleste, con un Lionel Messi histórico, goleó y mostró jerarquía. Colombia también respondió con una victoria convincente. Sudamérica no quedó expuesta como una región sin nivel, pero sí mostró que ya no existe una superioridad automática.
La dureza de las Eliminatorias de esta región, donde cada punto cuesta una batalla, no garantiza después un rendimiento dominante en el escenario global.
En ese escenario aparece una comparación interesante. Las Eliminatorias sudamericanas se parecen a un campeonato de rally. Son caminos difíciles, con altura, calor, humedad, viajes interminables y condiciones que ponen a prueba la resistencia. Es una competencia de supervivencia.
Pero el Mundial se parece más a la Fórmula 1. La velocidad de ejecución, la precisión, la toma de decisiones y la capacidad de adaptarse a diferentes estilos son determinantes. En una Copa del Mundo, un segundo de desconcentración puede cambiar el desenlace.
Un mismo deporte, como el automovilismo, aunque con diferencias en las velocidades.

Pero Sudamérica no sufre solo. España, Portugal, Suiza y Bélgica dejaron puntos en el camino ante rivales que en otros tiempos quizás eran considerados accesibles. ¿Quién se iba a imaginar que la poderosa España no iba a ser capaz de marcarle un solo gol a Cabo Verde?
Y hablando de la selección caboverdiana, África, Asia y Norteamérica, puntualmente EE.UU., presentan un progreso temido y admirable de sus combinados, hecho que modificó el mapa competitivo. Ya no hay selecciones que llegan solamente a participar, consideradas “de relleno” en el pasado.
El fútbol se globalizó. Los métodos de entrenamiento se acercaron, las diferencias físicas disminuyeron y los equipos saben competir mejor.
La historia todavía importa. Un Mundial no se juega sin pasado, sin tradición y sin camisetas pesadas. Pero el presente exige otra cosa, demanda velocida


