La vida de Edin Džeko pudo haber tomado otro rumbo. Mucho antes de convertirse en capitán de Bosnia y uno de los delanteros más reconocidos de Europa, el actual referente bosnio fue un niño que sobrevivió a uno de los conflictos más duros de la historia reciente: la guerra de Bosnia.
Nacido en Sarajevo en 1986, Džeko tenía apenas seis años cuando comenzó el sitio de la ciudad, una etapa que se extendió durante casi cuatro años y que dejó miles de muertos. Los bombardeos, las sirenas y la incertidumbre pasaron a formar parte de la vida cotidiana de los habitantes.
En medio de ese escenario, el fútbol era el refugio de muchos niños. Džeko, como tantos otros, buscaba una pelota y un espacio donde jugar para escapar por algunos minutos de la realidad que lo rodeaba.
Pero un día, su madre, Belma, tomó una decisión que cambiaría para siempre la historia de su familia. Como todos los días, Edin quería salir a jugar con sus amigos al lugar donde normalmente se reunían, pero ella le dijo que no. El pequeño insistió, aunque la respuesta se mantuvo firme.
Poco después, solo algunas horas más tarde, una bomba impactó en ese sitio. Varios de los niños que solían jugar allí murieron. El “no” de su madre, un simple gesto de protección, terminó salvándole la vida.
Años después, Džeko recordó aquel episodio como una de las marcas más profundas de su infancia: “Mi madre me salvó la vida”, recordó. La guerra le quitó momentos que cualquier niño debería vivir, pero también forjó el carácter de un futbolista que terminó convirtiéndose en símbolo de su selección y de todos los equipos que formó parte.
Su familia también sufrió las consecuencias del conflicto. La casa donde vivían fue alcanzada y debieron refugiarse junto a familiares en condiciones difíciles, hacinados, como podían. Sin embargo, el fútbol siguió siendo una esperanza en medio del caos.
El niño que sobrevivió a Sarajevo llegó luego a jugar en grandes escenarios, defendiendo camisetas como las de Wolfsburgo, Manchester City, Roma e Inter. Justamente, con el cuadro inglés, fue partícipe directo del resurgir de los “Citizens” en aquel título tras 44 años de sequía anotando el primero de los dos goles agónicos contra el Queens Park Rangers; Džeko marcó a los 91’ y Sergio el “Kun” Agüero a los 93’ para el 3-2 final que cortó la racha de casi medio siglo sin campeonatos de liga y, a su vez, empezó la época dorada del City.
Hoy, ya lejos del estridente sonido de los bombardeos de su infancia, Džeko ayudó a su selección a clasificar al Mundial dejando en el camino a la mismísima Italia y aguarda su oportunidad para ingresar y tener minutos en su segunda Copa del Mundo, tras Brasil 2014 donde marcó un gol.
Pero más allá de jugar o no, el delantero se convirtió en un símbolo para su país, pasó a ser la viva representación de una generación que resistió, sobrevivió y encontró en el deporte una manera de levantarse.


