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AST impulsa red espacial para smartphones y presiona a Starlink

AST SpaceMobile lanzó el BlueBird 6, el mayor satélite comercial de órbita baja, para proveer banda ancha 5G directa a móviles. Con 223 m², busca com…

| Por La Tribuna-
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Ilustración del satélite BlueBird 6 en órbita. (AST SpaceMobile)

AST SpaceMobile lanzó el BlueBird 6, el mayor satélite comercial de órbita baja, para proveer banda ancha 5G directa a móviles. Con 223 m², busca competir con Starlink en 2026, pese a alertas por saturación orbital y contaminación lumínica.
BlueBird 6, el satélite comercial más grande que se haya puesto en órbita baja terrestre ya vuela alrededor de la Tierra. La misión de la startup texana AST SpaceMobile apunta a un objetivo ambicioso: crear una red celular espacial de banda ancha que funcione de forma directa en teléfonos móviles convencionales, sin antenas externas ni equipos satelitales dedicados.

El satélite despegó el 23 de diciembre desde el Centro Espacial Satish Dhawan, en India a bordo del cohete LVM3 de la Organización India de Investigación Espacial (ISRO). En aproximadamente 16 minutos alcanzó la órbita baja, donde inició la secuencia de despliegue. Una vez extendida, su antena alcanza 223 metros cuadrados, una superficie comparable a la de una pista de tenis y muy por encima del prototipo BlueWalker 3, que en 2022 se desplegó hasta unos 64 metros cuadrados.

El tamaño no es un gesto publicitario. Para “hablar” con un smartphone común —diseñado para conectarse a torres terrestres y no a satélites— se requiere una superficie de antena enorme y una electrónica capaz de gestionar alto caudal. Según la empresa, cada BlueBird está preparado para operar con hasta 10 GHz de ancho de banda y ofrecer velocidades de hasta 120 Mbps por dispositivo, con la promesa de habilitar servicios 5G desde el espacio. Con BlueWalker 3, AST ya había probado la tecnología al realizar la primera llamada telefónica 5G desde el espacio.

Desde entonces, la compañía lanzó seis satélites BlueBird, y BlueBird 6 es el más grande hasta la fecha. AST ya tiene cinco satélites comerciales más pequeños en órbita y espera comenzar a ofrecer servicios a principios de 2026 en Estados Unidos y otros mercados. Para escalar, planea lanzar entre 45 y 60 satélites adicionales antes de finales de 2026; su hoja de ruta contempla una constelación total de hasta 243 unidades.

En el plano comercial, la empresa busca apoyarse en socios tradicionales de telecomunicaciones. AST firmó acuerdos con AT&T, Verizon y Vodafone para complementar la cobertura donde la infraestructura terrestre es insuficiente o inexistente, especialmente en áreas rurales o de difícil acceso. La promesa es que la red espacial funcione como una capa adicional para emergencias o para ampliar cobertura cuando no hay señal.

El plan choca de frente con Starlink, la red de SpaceX. La empresa de Elon Musk opera más de 9.000 satélites —aproximadamente entre el 75% y el 85% de los satélites en órbita— y domina el mercado de conectividad satelital, aunque su servicio típico requiere una antena en tierra. SpaceX, además, impulsa su propuesta “direct-to-device” en alianza con T-Mobile, orientada por ahora a mensajería y a un uso de datos más limitado. AST intenta diferenciarse con antenas mucho más grandes y con foco en datos móviles de banda ancha directamente en smartphones.

La competencia ya se trasladó al terreno regulatorio. A finales de 2024, SpaceX presentó una carta ante la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) advirtiendo sobre posibles riesgos para la sostenibilidad de la órbita baja si la constelación de AST crece con rapidez. AST respondió acusando a su rival de intentar frenar a competidores mediante presión regulatoria y prácticas anticompetitivas.

Más allá de la disputa empresarial, científicos y especialistas en tráfico espacial observan otra tensión: la saturación orbital. Con más satélites, aumentan las maniobras de evasión y el riesgo de choques; se advierte que la densidad actual ya obliga a maniobras cada pocos minutos. Ese panorama alimenta el temor al síndrome de Kessler, en el que impactos sucesivos generan una nube de fragmentos capaz de multiplicar la basura espacial y amenazar infraestructuras críticas como GPS, telecomunicaciones y sistemas financieros. También preocupa la contaminación lumínica: por su tamaño, el satélite puede verse muy brillante, dificultando observaciones. La NASA ha advertido que la proliferación de satélites puede reducir la capacidad de detectar asteroides potencialmente peligrosos. También se discuten normas de desorbitado y coordinación para evitar choques en órbita baja ya.

Con BlueBird 6, AST SpaceMobile marca un hito de ingeniería y acelera la carrera por conectar el planeta desde el espacio. El desafío inmediato será demostrar que la innovación puede avanzar con reglas claras, coordinación internacional y un entorno orbital sostenible.

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