Ciencia y Tecnología

Este año los usuarios adoptaron la IA integrando trabajo y hogar

En el 2025, la IA se consolidó como una herramienta cotidiana y visible, activada de forma consciente en el trabajo, la educación y el ocio. Esta nor…

| Por La Tribuna
Agregar La Tribuna en
Si internet marcó un antes y un después en la forma de socializar, la IA viene a imponer una nueva era que ya está cambiando hábitos, redefiniendo el comportamiento de las personas.

En el 2025, la IA se consolidó como una herramienta cotidiana y visible, activada de forma consciente en el trabajo, la educación y el ocio. Esta normalización, impulsada por gigantes como Google y Meta, mejora la eficiencia mediante asistentes personalizados. Sin embargo, su expansión convive con riesgos éticos como la desinformación, los sesgos y el uso de datos.

Madrid, 20 dic (EFE). La inteligencia artificial llevaba años colándose, de forma progresiva y casi imperceptible, en servicios digitales hoy esenciales —navegadores, buscadores, escritura predictiva o plataformas que sugieren contenidos y compras—. Pero en 2025 ese avance dio un salto cualitativo: la IA irrumpió con fuerza en tareas cotidianas con una diferencia clave. Ahora el usuario suele saber cuándo la está usando y, además, la activa de manera voluntaria.

La IA ha dejado de ser una promesa tecnológica para convertirse en presencia cotidiana, pero ya no es “invisible”. Muchos de los servicios más básicos de la era digital (correo electrónico, mensajería, buscadores o redes sociales) incorporan un “modo IA” o accesos directos a asistentes que redactan textos, resumen conversaciones y correos, organizan información o sugieren respuestas. Esa normalización convive con recelos: trabajos sociológicos y estudios científicos vuelven a reflejar preocupación por si la IA se utiliza para difundir bulos y desinformación, para cometer actos ilícitos, por los sesgos, por su posible uso indebido en procesos de selección, por la utilización y filtración de datos personales o por la posibilidad de que sustituya determinados empleos.

Aun así, 2025 quedará como el año en el que el uso consciente se generaliza. Asistentes como Alexa, Siri o ChatGPT se emplean para escribir, organizar agendas o planificar viajes, mientras que, en el trabajo, distintos sistemas generan informes, sintetizan reuniones virtuales y proponen alternativas para ganar eficiencia y productividad.

IA a la vista en Google, X o WhatsApp

El buscador más usado del mundo (Google) ha impulsado este año su herramienta Gemini y un “modo IA” como una de las opciones destacadas. WhatsApp (Meta) permite desde marzo interactuar desde la pantalla de inicio con su propia IA, y redes como TikTok, Instagram, Facebook o X ofrecen funciones similares: no solo recomiendan contenidos, también ayudan a crearlos.

La expansión alcanza al ámbito educativo, con ejercicios personalizados, sistemas que se adaptan al ritmo de aprendizaje y herramientas para practicar idiomas. En sectores profesionales, la IA se ha normalizado: médicos, abogados o programadores la usan para recopilar información, analizar datos y preparar documentos y presentaciones; otras soluciones permiten crear gemelos digitales o automatizar tareas repetitivas. En compras y ocio, la personalización se afina en plataformas como Amazon, eBay o AliExpress, y en servicios como Netflix o Spotify. Herramientas como ChatGPT, Perplexity, Grok o el “AI Assistant” de Adobe asisten ya a millones de trabajadores en sus labores diarias. También proliferan asistentes de consulta y creación —como Perplexity, Grok o el “AI Assistant” de Adobe—, que se incorporan a tareas de documentación, edición y soporte creativo.

Por un uso ético y responsable

El cambio del año que termina es, sobre todo, cultural: la IA se hace visible y el usuario es consciente de que la utiliza de forma deliberada. Aun así, siguen operando sistemas “invisibles” en segundo plano. La escritura predictiva y la autocorrección de móviles, los navegadores que calculan rutas según tráfico, los electrodomésticos que ajustan rutinas o los dispositivos que monitorizan sueño, estrés o anomalías cardíacas son ejemplos de esa capa silenciosa.

También lo son los chatbots de atención al cliente 24/7, las conversaciones cada vez más fluidas con asistentes virtuales o las predicciones meteorológicas más precisas gracias al análisis masivo de datos de satélites, radares y estaciones terrestres.

Además, la IA se ha consolidado como motor de crecimiento para las grandes tecnológicas, con resultados financieros sólidos y megainversiones en infraestructura, aunque persisten alertas sobre una posible burbuja en el sector.

2025 queda así como el año en el que la IA deja de ser promesa y pasa a acompañar rutinas: a veces de forma visible, desde herramientas activadas voluntariamente, y otras desde algoritmos que moldean cómo nos informamos, consumimos, trabajamos o nos relacionamos. De ahí que numerosos foros insistan en la necesidad de regular y garantizar un uso ético y responsable.

También te puede interesar

Últimas noticias