Hay películas que te asustan. Y hay otras que, además, te dejan pensando en esa decisión que tomaste alguna vez y que preferís no recordar. “Tormento”, la nueva película de Olallo Rubio, juega exactamente en ese terreno incómodo donde el miedo se mezcla con la culpa. Por eso funciona.
Hernán Moyano
Quizás por eso se convirtió, en su primera semana en cartel, en la película número uno de la taquilla mexicana, llevando a más de 100.000 personas a meterse en la oscuridad de la sala. No es poca cosa.
La premisa parece sencilla: una guardia de seguridad atropella a alguien y huye. Un error, una fuga, un silencio. Como consecuencia —o castigo, o coincidencia, depende de quién lo mire— la mandan a trabajar de noche a una morgue.
“La película se llama 'Tormento' porque habla de ese estado emocional: de alguien que ha hecho algo que no puede reparar”, dice Rubio. Y cuando lo cuenta, no habla solo de su protagonista. Habla de todos nosotros, de ese nervio que se enciende cuando una conciencia empieza a reclamar.
Lo interesante es que Rubio llegó a este proyecto casi en contra de sí mismo. No creía en los remakes. No quería repetir películas ajenas. Llevaba años intentando levantar proyectos propios que, según él, parecían “muy caros, muy políticos o demasiado raros” para los productores. Hasta que Rodrigo “Troy” Trujillo insistió con la idea de buscar una historia contenida, de bajo presupuesto, en una sola locación. Algo filmable. Algo posible.
Le mandó 'Morgue', la cinta paraguaya de Hugo Cardozo. Y ahí pasó algo curioso: Rubio aceptó…, pero con la condición de cambiarlo todo. “No podría hacer un remake estrictamente. Lo de Hugo no es replicable y yo no soy el mejor secretario fílmico”, confiesa casi riéndose. Lo que hizo fue otra cosa: una adaptación profundamente personal. Otro tono, otra estética, otro lenguaje. Incluso otro género para el protagonista; ahora sería una mujer.
Ahí entró en juego Natalia Solián, actriz excepcional que ya había brillado en “Huesera”. Rubio pensó en ella desde el primer trazo del guion. Le interesaba su rango emocional, esa combinación precisa entre fragilidad y fuerza que sostiene la película entera sobre los hombros. No es un personaje fácil: necesita temblar y resistir al mismo tiempo, cargar un secreto y atravesar un infierno en cámara lenta.
Rubio reconoce que “Morgue” le fascinó, pero por razones muy distintas. Le encantó su irreverencia juvenil, su espíritu de ópera prima, esa energía cruda que él mismo ya no siente posible replicar. Por eso eligió otro camino: “'Tormento' prácticamente no tiene alivio cómico. Es más densa, más madura, más emocional”. Menos gritos, más silencio. Menos sobresaltos, más respiración contenida.
Y en ese viaje, como siempre, aparecen sus influencias: desde Kubrick y Carpenter hasta Coppola, Fincher o incluso Jacob’s Ladder. Todo mezclado en esa licuadora personal que él mismo define como “cine posmoderno”: un poquito de aquí, un poquito de allá.
El género de terror, para Rubio, no es solo sustos. Es una herramienta. “Es un gran vehículo para explorar el cine puro: atmósferas, suspenso, sueños, estados emocionales a los que otros géneros no te llevan”. Y se nota. Tormento tiene textura, tiene olor a pasillo frío, tiene esa sensación de que algo te respira detrás aunque no haya nadie.
Quizás por eso conectó tanto con el público. O quizás porque, a veces, uno entra al cine buscando exactamente eso: un lugar donde enfrentar algo que afuera preferimos esquivar.
Mientras celebra el éxito, Rubio ya piensa en lo que viene: un documental complejo sobre la militarización en México y varios proyectos de ficción esperando financiación. Pero, por ahora, “Tormento” ya hizo lo suyo: poner a México a temblar, convertir la culpa en un personaje más y demostrar que, incluso cuando uno no quiere hacer remakes…, a veces encuentra una historia que lo reclama.
Y quién sabe: tal vez también encontró su propio tormento ahí adentro.


