Cómo recrear el caos, el cruce de caminos y la polifonía de voces de una ciudad como Buenos Aires es el reto al que se ha enfrentado el escritor y periodista Martín Caparrós en “BUE”, una novela que retrata "una ciudad que apuntó muy alto y erró el tiro" y en la que el azar es un personaje más.
MADRID (EFE). “Inventamos religiones para creer que hay un orden, pero no hay ninguno, todo es puro azar, el azar define nuestra vida y nuestra muerte”, ha dicho a EFE Caparrós (Buenos Aires, 1957), considerado uno de los mejores cronistas actuales de América Latina.
Tras publicar el año pasado sus memorias, “Antes que nada” (Random House), en las que habló de la enfermedad de ELA que le diagnosticaron en 2022 y que limita su movilidad, Caparrós ha regresado a la ficción para rematar esta novela en la que llevaba trabajando casi una década.
“Es un disparate, uno no puede contar una ciudad, una ciudad es por definición lo inabarcable, lo imposible de contar”, dice. Pero precisamente eso fue lo que le alentó y el resultado es una sinfonía narrativa envuelta en una mirada a la vez amorosa y cruel, lúdica, desencantada e irónica.
“La ironía es una forma de que ciertos rencores puedan ser manifestados sin que parezca violento”, concede.
Buenos Aires, ruina orgullosa o remedo del infierno
Nacido en Buenos Aires, Caparrós abandonó el país durante la dictadura y vivió en París, donde se licenció en Historia, y en Madrid, donde empezó a escribir novelas, antes de regresar a Argentina.
“Ahora llevo doce o trece años sin vivir allí -dice en su casa de Torrelodones (Madrid), en medio del campo-, pero he vivido en Buenos Aires unos 40 de mis sesenta y tantos años”. En “BUE” (Random House) describe su ciudad como “una ruina orgullosa de sí misma” o como “un remedo malo del infierno”, por cómo se va degradando a medida que se expande en círculos concéntricos.
“Hay que desconfiar de las ciudades que tienen dos palabras en el nombre”, dice. “Sus habitantes suelen estar muy orgullosos de la ciudad hasta que pasa algo malo, pero siempre pasa y entonces se convierte en la peor ciudad del mundo; es una relación muy intensa, de amor o de odio o de lo que sea”.
La inmersión de Caparrós en la capital es también una metáfora del destino del país, “una ciudad que apuntó muy alto y que erró el tiro, la capital de un imperio que nunca existió”. El escritor se remonta a 1880 para entender el origen de la Argentina moderna, cuando empezaron a llegar millones de inmigrantes de “la Europa pobre” con sueños de prosperidad.
La crisis perpetua, Milei y el alcalde de Nueva York
“Esa promesa de prosperidad fue lo que vertebró a la Argentina durante casi un siglo, pero terminó de romperse con el golpe del 76”, señala. El país había intentado industrializarse, fabricaba coches, aviones y centrales nucleares; pero eso producía una clase obrera “muy rebelde” y los militares decidieron “acabar con ello”.
Así que Argentina volvió a ser lo que había sido en 1910, un país agroexportador. “Y lo sigue siendo hoy” afirma. Exporta soja, petróleo, gas o litio, pero no crea empleo. “Un tercio de la población vive marginada, no tiene trabajo fijo y no tiene muchas posibilidades de tenerlo”.
Caparrós está convencido de que si gente como Milei (o como Trump o Meloni) están gobernando es “porque otros más a la izquierda, más progresistas, se olvidaron de hablarle a la gente de sus problemas”. Y en ese sentido ve con esperanza la reciente elección como nuevo alcalde de Nueva York del demócrata Zohran Mamdani.
“Este señor les habló a los jóvenes, a los inmigrantes, a los trabajadores, a los marginados y curiosamente, todos ellos le votaron, qué sorpresa”, ironiza. “A ver si aprendemos del alcalde de Nueva York que lo que tenemos que hacer es acercarnos a los problemas verdaderos de la gente real”.


