Una de las novelas que más me impactaron en mi adolescencia, lector mío, fue Volavérunt, una novela del escritor uruguayo Antonio Larreta (1922-2015), y ganadora muy merecidamente del Premio Planeta en 1980. Contaba yo a la sazón 15 años. Vivía en la cosmopolita y acogedora ciudad de Madrid y, si mal no recuerdo, la Navidad de ese mismo año me fui contento y dichoso a la librería Espasa-Calpe, que estaba situada, y supongo que seguirá estando en el mismo lugar, en la populosa calle Gran Vía, para comprar un buen número de libros. Tenía el bolsillo lleno de las antiguas pesetas recaudadas a base de propinas y aproveché tan jubilosa ocasión para comprar cuantos pudiera y, felizmente, entre ellos adquirí por derecho propio de pecunio y peculio, Volavérunt.
En principio dos detalles me sorprendieron sobremanera del libro: el título y la portada. El título me llamó la atención porque era un vocablo latino, y por aquel entonces yo ya andaba coqueteando, parte subrepticiamente en casa parte en el colegio por imposición educativa, con la lengua de Virgilio, Catulo, Séneca, Cicerón, Lucano y Quintiliano. En su estructura original en latín volaverunt (sin tilde o acento ortográfico) significa “volaron”, y corresponde a la tercera persona del plural del pretérito perfecto de indicativo del verbo volare (“volar”).
La ilustración de la portada me sorprendió gratamente al reconocer en ella un grabado típicamente goyesco de 1799 que correspondía a la serie Los caprichos de Francisco de Goya (1746-1828) con el número 61 en la serie de 80 estampas. En el mismo puede apreciarse a la que parece ser la archiconocida duquesa de Alba de la época encima de tres toreros que la hacen volar por los aires, y que parece simbolizar a manera de crítica o sátira la veleidad de la duquesa en materia de amores y de hombres.
No quise esperar mucho para comenzar a leerla, de modo y manera que cuando llegué al confort y bienestar del hogar y, tras prepararme una buena taza de té, acometí su lectura con la avidez y fortalezas de un hombre joven pletórico de energía. Me sumergí en las páginas de Volavérunt dándome cuenta en seguida de que se trataba de una novela histórica (o nueva novela histórica), género que comenzaba a tintinear en la España de principios de los años 80, y que después coparía (y arrasaría en) los mercados editoriales españoles en adelante sin parar prácticamente.
La novela se desarrolla en esos convulsos años de la España napoleónica y el declive o decadencia de la monarquía borbónica. El escritor uruguayo construye magistralmente la ambientación histórica de la corte del rey de España Carlos IV, el Cazador, (1748-1819), ambiente áulico en el que se desenvuelven como la seda el ministro Manuel Godoy y otros personajes influyentes de la época, como la duquesa de Alba, de nombre doña María del Pilar Teresa Cayetana de Silva (1762-1802).
La novela comienza a cobrar interés a partir de su muerte a los 40 años de edad en extrañas circunstancias en un entorno palaciego dominado por las intrigas, la ambición, la codicia, la corrupción y el poder. Un punto de interés muy interesante en torno a esta novela es que esta se estructura como una suerte de investigación detectivesca que tiene lugar después de la muerte de la propia duquesa. Y para ello la novela se sustenta en cartas, diarios y otros documentos, así como en un conjunto polifónico de voces que hacen posible reconstruir los hechos en conjunto.
El concepto de polifonía, mi querido lector, permite la proyección de distintos puntos de vista o voces simultáneas que se alternan para contar un mismo hecho o episodio. Todas estas voces actúan como diferentes perspectivas o puntos de vista que ayudan a tener una mirada más completa y compacta de un hecho. Este concepto fue introducido por primera vez por el teórico ruso Mihaíl Bajtín al estudiar las obras de Dostoievski en contraposición con una forma de encarar y de interpretar el mundo y su verdad de manera monológica y desde un pensamiento occidental hegemónico.
El autor de Volavérunt desea renunciar a una manera de entender un hecho de modo monológico, “vacío” y propio de una conciencia única, por lo que los hechos que tratan de reconstruirse en la novela se llevan a cabo a partir de una multiplicidad de conciencias que lleven también al lector a extraer sus propias conclusiones o su propia versión de los hechos. La novela se articula, por lo tanto, mediante un rico diálogo cooperativo del que participan varios personajes unidos por el contexto.
El autor de Volavérunt pretende dejar de lado ese control monológico sobre la novela con el objeto de lograr una perspectiva dialógica del mundo y de la historia, donde existe no una sola conciencia, sino muchas conciencias vivas y latentes, con plena igualdad de autoridad y derecho.
La investigación de la muerte de la duquesa de Alba está a cargo de un personaje ficticio llamado Jean-Baptiste Tournier, diplomático y escritor de profesión que es enviado a Madrid después de la caída de Manuel Godoy. A medida que Tournier va adentrándose en su investigación, van saliendo a la luz traiciones, secretos turbios, intrigas y pasiones palaciegas.
Además de la duquesa de Alba, María del Pilar Teresa Cayetana de Silva (1762-1802), aparecen otros personajes históricos, como el pintor Francisco de Goya (1746-1828), que podría haber sido amante de la duquesa de Alba; Manuel Godoy y Álvarez de Faria Ríos (1767-1851), primer ministro del rey de España Carlos IV entre 1792 y 1798 y supuesto amante de su esposa, la reina consorte María Luisa de Parma; María Teresa de Borbón (1780-1828), condesa de Chinchón, primera esposa de Manuel Godoy; María Luisa de Parma (1751-1819); y Carlos IV (1748-1819). En la novela aparece también Pepita Tudó (1779-1869) como amante de Godoy y modelo de Francisco de Goya.
Todas estas figuras históricas aparecen descritas como personajes contradictorios y sumamente complejos desde el punto de vista psicológico a los que les mueve la lucha por la ambición y el poder. El autor recrea muy bien el ambiente de la época y demuestra haberse documentado con detalle en cuanto a los usos, costumbres, códigos y lenguaje propio del siglo XIX.
Y, amigo lector, algo que transmite esta novela muy bien es la debilidad de los personajes masculinos, en general, frente a la manipulación de mujeres como la duquesa de Alba y la reina María Luisa de Parma. Ambas representan el poder. Históricamente, si bien es verdad que María del Pilar Teresa Cayetana de Silva falleció en extrañas circunstancias, hoy se cree que podría haber fallecido a causa de tuberculosis y fiebre, y no por envenenamiento, como llegó a proponerse en alguna ocasión. Por otro lado, tampoco está probado que Pepita Tudó (Josefa Petra Francisca de Paula de Tudó y Catalán, Alemany y Luesia, I vizcondesa de Rocafuerte), que llegaría a convertirse en la segunda esposa de Manuel Godoy, hubiera posado para Goya como La maja vestida y La maja desnuda.
Entre las características más resaltantes de la nueva novela histórica están las de combinar personajes reales con personajes ficticios; atribuir a personajes reales hechos que no llevaron a cabo en la realidad; cuestionar la historia oficial; incorporar intertextos; recrear minuciosamente la época histórica que retrata; y mostrar la dimensión humana de la historia con toda su crueldad y viveza.
Mi querido lector, aquí tienes otra lectura muy interesante para este fin de semana, y, si ya las has leído, te propongo la lectura de las traducciones de este autor uruguayo que, además de escritor, fue crítico de cine, actor, director teatral y guionista-creador de la popular serie de TVE Curro Jiménez. Las traducciones suyas que te propongo son Diálogos de Carmelitas, de Georges Bernanos y La mandrágora, de Maquiavelo.


