Dejar de ser furgón de cola para una verdadera integración

Hace unas semanas estalló un conflicto en el Mercosur por la intención de Uruguay de negociar de forma unilateral con otros bloques económicos. Brasil, Argentina y Paraguay levantaron su voz de protesta y el canciller argentino Santiago Cafiero fue más lejos al advirtir que el bloque económico regional podría disolverse. 

La crisis puso en evidencia lo que desde hace tiempo venimos publicando: que la integración solo se da en los documentos y que a la hora de la verdad, cada país integrante del Mercosur adopta medidas que favorezcen a su economía. Así lo hicieron siempre Argentina y Brasil, ignorando a los “hermanos menores” como Uruguay y Paraguay.

Se pronuncian discursos grandilocuentes y se firman acuerdos, pero a la hora de la verdad Paraguay sigue siendo un convidado de piedra dentro del bloque. En varias ocasiones, nuestros vecinos impusieron trabas a los productos paraguayos.

Unite al canal de La Tribuna en Whatsapp

Para el pasado lunes estaba prevista la inauguración del “Puente de la Integración”, construido entre las ciudades de Presidente Franco, en Paraguay, y Foz de Yguazú, Brasil.

El presidente Mario Abdo Benítez, en campaña por la Junta de Gobierno y su delfín para la presidencia, el ex ministro de Obras Públicas, Arnoldo Wiens, estuvieron en la zona, buscando embanderarse con la mega obra. La inauguración, finalmente fue suspendida pero el presidente Abdo no desperdició la oportunidad para recorrer la zona de obra y exaltar el emprendimiento.

Más allá de que el Puente de la Integración es un proyecto brasileño, ejecutado exclusivamente por empresas brasileñas y de que Paraguay ni siquiera ejecutó las obras complementarias, no se puede negar que un puente entre dos países fortalece la economía e impulsa el desarrollo.

Sin embargo, la integración no termina solamente con la unión física, como señalamos más arriba. Pasa también por la aplicación de políticas que faciliten la circulación de personas y productos entre los países de la región.

Son vacíos los discursos sobre proyectos conjuntos y de cooperación e integración, cuando desde San Pablo, desde Brasilia o Río de Janeiro se ordena que se adopten medidas que acogotan el comercio en las ciudades limítrofes de Paraguay. O se dificulta la circulación de personas, con engorrosos y humillantes trámites en los pasos fronterizos.

Para que la integración regional sea efectiva, hacen falta más puentes, pero también respeto mutuo y la búsqueda conjunta del desarrollo de los países de la región. Para que eso se haga realidad, Paraguay necesita que sus autoridades no se conformen solamente con ser furgón de cola.