En noviembre de 1867, los planes aliados para el acorralamiento total de Humaitá avanzaban, con la consolidación de las posiciones de San Solano, Perecué y finalmente Tajy, ya para diciembre el Mcal. Francisco Solano López se encontraba trazando un plan para evacuar Humaitá, fortificando la fortaleza paraguaya de Timbo en el lado chaqueño hoy argentino. San Fernando parecía ser el destino de las fuerzas paraguayas.

Cercano a Humaitá, entre la fortaleza de Perecué y San Solano, los aliados habían instalado un reducto del cual se podía explorar todos los movimientos paraguayos, era el Reducto de Paso Po’i. Solanon López se dispuso hostigar este reducto, para ello se seleccionarían 160 de los mejores soldados todos ellos bajo las órdenes del entonces Capitán Eduardo Vera.

Era la Nochebuena de 1867, los 160 hombres salieron en el mayor silencio posible; ya cuando suponían gran parte de los hombres del reducto enemigo dormidos. La consigna de aquella tarde fue la de afilar bien los machetes, estos soldados se lanzaron casi desnudos en aquellos pantanos nadando lentamente.

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Las patrullas de caballería enemiga se encontraban en pleno recorrido por lo que el mínimo sonido podía delatar a los paraguayos, en más de una ocasión algún jinete pasó cercano a ellos sin percatar la presencia de Vera y sus hombres. Finalmente, en el silencio de la noche llegarían hasta el reducto, Vera organizó sus hombres en dos hileras.

«Los brasileños dormían profundamente, sin soñar en lo que les esperaba», menciona O’leary. Vera dio la orden y los machetes paraguayos comenzaron a arremeterse sobre sus enemigos; el silencio de la noche fue interrumpido por gritos desesperantes de muerte, no había tiempo de reacción para el enemigo, estos soldados paraguayos semidesnudos y cubiertos de barro no mostraban piedad.

Finalmente cuando ya todo el reducto quedó inundado de sangre con su guarnición destruida, una patrulla brasilera advirtió la presencia paraguaya, a lo que regimientos enemigos se dirigieron al reducto a defenderlo de sus atacantes.

Rápida fue la reacción de las fuerzas de Vera, quienes percatados de la situación y ya culminada su misión se lanzan nuevamente a los pantanos perdiéndose en la inmensidad de los mismos, ya en tierra firme tomaron camino a Humaitá y perdiendo a sus perseguidores. Juan Quiroga y Sebastián Báez fueron las perdidas paraguayas lamentadas aquella noche.

La misión había triunfado, el Mcal. López contento había premiado a estos valientes. Será una de las últimas operaciones de 1867 que se daría entre la Nochebuena y Navidad de aquel año.

Artículo de Claudio Luis Velázquez. Imagen autoría de Celia Torres.