Una fecha que no debe pasar desapercibida

El 12 de junio es una fecha que no debe pasar desapercibida para la sociedad paraguaya. Hoy se cumplen 89 años de la firma del Protocolo de Paz del Chaco, un documento trascendental que puso fin a uno de los conflictos bélicos más importantes del siglo XX en Sudamérica: la Guerra del Chaco, que enfrentó a Paraguay y Bolivia entre 1932 y 1935. Este acuerdo, firmado en Buenos Aires el 12 de junio de 1935, marcó el cese de hostilidades y el inicio de una nueva era de paz y cooperación en la región.

La Guerra del Chaco fue un conflicto brutal que dejó profundas cicatrices en ambos países. Más de 150.000 soldados paraguayos fueron movilizados, y Paraguay perdió alrededor de 33.000 vidas en batalla. Las condiciones extremas del Chaco, con su clima implacable y terrenos inhóspitos, convirtieron cada enfrentamiento en una lucha no solo contra el enemigo, sino también contra la naturaleza.

Aquel cese de hostilidades, además de marcar el final de la guerra, también representó un alivio para miles de soldados y sus familias. Al conocerse la noticia de la firma del Protocolo de Paz, en el frente de batalla, los soldados, paraguayos y bolivianos, abandonaron las trincheras para abrazarse como hermanos latinoamericanos.

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El impacto del conflicto y el acuerdo de paz fue profundo y duradero. Paraguay recuperó una vasta extensión de territorio chaqueño. Desde una perspectiva histórica, la firma del Protocolo de Paz del Chaco consolidó la posición de Paraguay como un país que había defendido con valentía su territorio. La guerra demostró la capacidad de resistencia y la fortaleza del pueblo paraguayo y devolvió la autoestima a la nación devastada por la Guerra contra la Triple Alianza. Bajo la conducción del jefe del Ejército, José Félix Estigarribia, y las decisiones estratégicas del presidente Eusebio Ayala, nuestro país logró sobreponerse a aquellas circunstancias adversas y salir victorioso.

La conmemoración de este aniversario nos invita a reflexionar sobre los horrores de la guerra y el costo humano que conlleva, y al mismo tiempo a valorar la importancia de la diplomacia y el diálogo en la resolución de conflictos. El Protocolo de Paz del Chaco es un recordatorio de que, incluso en los momentos más oscuros, la paz es posible cuando hay voluntad y compromiso de todas las partes involucradas.

Hoy, 89 años después, honramos la memoria de aquellos jóvenes, que sacrificaron sus vidas y reconocemos la importancia de continuar trabajando por la paz y la cooperación entre naciones. Este aniversario debe ser una oportunidad para recordar el pasado con patriotismo y veneración, pero también debe servir para inculcar a las nuevas generaciones el amor a la patria y la defensa de la soberanía, valores que hoy son más relevantes que nunca. En la actualidad, nuestra lucha no es contra un enemigo extranjero, sino contra las nuevas amenazas como el crimen organizado transnacional, que recluta a jóvenes para sus fines oscuros y la corrupción que se roba el futuro de nuestros compatriotas.

Hoy más que nunca debemos rescatar el patriotismo y la defensa de la honestidad para garantizar la integridad de nuestra república. Al recordar el sacrificio de los jóvenes que ofrendaron sus vidas por la defensa del Chaco, también debemos comprometernos a luchar por un Paraguay más justo y seguro, donde la soberanía y la paz sean inquebrantables.