Faltan apenas tres días para que se defina el futuro de los argentinos por los siguientes cuatro años. Por primera vez en cinco décadas, el peronismo se encuentra ante la posibilidad de ser derrotado electoralmente por una opción ultra liberal en lo económico y conservadora en lo social. Argentina decidirá este domingo en las urnas si elige a Sergio Massa o Javier Milei. Una elección marcada por la incertidumbre, un catastrófico momento económico y que coincide con los cuarenta años de la conquista de la democracia.

«Final abierto», es una de las frases más utilizadas en el país vecino cuando alguien pregunta cómo será la segunda vuelta electoral. La usan desde taxistas, kioskeros, hasta connotadas figuras de la radio, la televisión y columnistas de la prensa escrita. Una final electoral que probablemente tenga su contrapartida futbolística en aquella finalísima no apta para cardíacos que se disputó entre Argentina y Francia en el mundial de Qatar y en la que la selección albiceleste resultó vencedora en el último suspiro. Si las encuestas aciertan, este duelo podría definirse en tanda de penales después del alargue.

Si bien los equipos de los candidatos manejan números con resultados favorables para cada uno, la mayoría de los sondeos apunta a que se podría dar una situación de «empate técnico». La última encuesta del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG) ubica a Sergio Massa con un 46,7% en la intención de votos, seguido muy de cerca por Javier Milei con un 45,3%.

También este domingo se verá si el debate del fin de semana pasado definió los votos del alto porcentaje de indecisos, que serán claves para inclinar la balanza hacia uno y otro candidato.

Pero más allá de los fríos números y de la futurología, si de algo no tenemos dudas es de que Argentina es el país de las sorpresas. Basta ver el primer «sorpasso» de Milei en las elecciones PASO y posteriormente el batacazo de Sergio Massa, cuando terminó imponiéndose en la primera vuelta cuando todos los daban como segundo.

Esta última semana, el «ministro candidato» realizó giras por provincias clave donde si aprieta el acelerador podría consolidar una victoria ajustada, pero victoria al fin. La estrategia de campaña de Massa se centra a nivel territorial en reforzar el trabajo de base de intendentes y gobernadores afines, buscar reducir la brecha en sitios históricamente antiperonistas como Córdoba y asegurar el principal bastión electoral que es la provincia de Buenos Aires, donde triunfó el kircherista Axel Kicillof.

Mientras tanto, el ultraliberal Javier Milei realiza caravanas con sus adherentes pero ya sin la consabida motosierra que fuera el símbolo de La Libertad Avanza en la primera vuelta. Tras su alianza con la ex candidata de Juntos por el Cambio, Patricia Bullrich y el respaldo público del ex presidente de la República, Mauricio Macri, el equipo de Milei decidió «bajar el tono» para poder captar los votos moderados, al considerar que el discurso «anti casta» había llegado a su techo.

En cuanto a lo comunicacional, el equipo de Massa apuesta por reforzar su victoria en el debate con extractos de sus intervenciones en las redes sociales, además de instalar la idea de que el libertario no estaría preparado para afrontar las complejidades del país, en caso de ser gobierno.

En contrapartida, la comunicación de Milei se ha mostrado más reactiva y pretende instalar que desde el otro bando se está orquestando una supuesta campaña de miedo.

Mención aparte las trístemente célebres «fake news» que circulan, con el agregado especial de que por primera vez se utilizó la inteligencia artificial para desmeritar a un candidato. Imágenes de un supuesto Massa consumiendo drogas, han llegado incluso a programas de farándula y fueron duramente criticados por recurrir a esos aspectos para tratar de ensuciar la imagen del mencionado.

Así en este ambiente polarizado y pasional, los argentinos hacen cuenta regresiva para ir a ejercer su derecho al voto el 19 de noviembre. Quien resulte vencedor deberá asumir el timón en medio de una tormenta. Sea cual sea el resultado, la inmensa mayoría demandará soluciones urgentes, especialmente en el aspecto económico.