No existe oposición

La parálisis política de la oposición en nuestro país alcanza niveles preocupantes. Se evidencia una absoluta incapacidad de todos los partidos para ejercer un contrapeso efectivo al gobierno. El otrora emblemático Partido Liberal se encuentra sumido en una profunda división interna, desviando su atención de los intereses ciudadanos hacia disputas internas estériles que solo debilitan su relevancia histórica. Los demás partidos minoritarios aparecen como entes embrionarios en la política, más preocupados por sobrevivir que por implementar políticas útiles a la nación.

Recientemente el Partido Liberal ha vivido otra crisis; han expulsado a cuatro de sus miembros y actuales legisladores. Estos han recurrido a la Justicia Electoral y han obtenido medida cautelar favorable para reincorporarlos. Estas crisis se vienen manteniendo hace años y ha corroído los cimientos mismos del PLRA. Mientras tanto, los partidos minoritarios carecen de la fuerza necesaria para consolidarse como una alternativa seria y constructiva. En lugar de presentar propuestas concretas y actuar como voz de aquel sector más despolitizado de la ciudadanía, sus principales líderes parecen estar más preocupados por atacar al oficialismo, mientras fragmentan cada vez más de sus liderazgos.

La oposición es muy necesaria para la democracia, pero no cualquier oposición. La contra fuerza del oficialismo debe ser seria y criteriosa, liderar espacios desde la coherencia y hacer notar los desaciertos del gobierno cuando corresponda, todo esto al tiempo de ofrecer soluciones a aquellos equívocos. La mesura y templanza deben reinar en una oposición que pretenda consolidar su fuerza política con miras a acceder a espacios de poder. Oponerse a todo plan del gobierno, sin análisis, sin fundamentos y de manera irracional no constituyen actos de oposición, sino mas bien de necedad y miopía política.

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La presente crítica no debe ser tomada como una afrenta al sector opositor, ni mucho menos como una oda al partido que hoy ostenta el gobierno, sino más bien como un sincero llamado a asumir un rol trascendental para la democracia. Es alarmante observar cómo tanto los liberales como los partidos minoritarios han caído en la inacción y la falta de desarrollo de proyectos partidarios, políticos y sociales que busquen instalar en la sociedad el espíritu de sus afiliados. Es momento de que los opositores se erijan en verdaderos motores de cambio y progreso, haciendo de lado la mera “contra” en sí misma, asumiendo su responsabilidad de fiscalizar al gobierno y proponer soluciones a los problemas que aquejan a la nación.

La situación política actual refleja una realidad que debe ser mejorada. Paraguay necesita sectores opositores sólidos y con proyectos capaces de equilibrar la balanza del poder, pero para lograr esto es menester abandonar las disputas internas y un compromiso genuino con el servicio público y la construcción de una república más justa y próspera para todos los ciudadanos.