La Iglesia Católica debe volver a ese estilo de liderazgo de Mons. Rolón

El obispo de Caacupé Monseñor Ricardo Valenzuela, lanzó una fuerte crítica a la clase política que ante las próximas elecciones no presenta propuestas concretas sobre cuestiones claves que preocupan a la población. Hizo todo lo posible para despertar la conciencia nacional. Algo así, aunque aquello fue mucho más drástico, hizo un 8 de diciembre de 1969, el entonces obispo de Caacupé, Mons. Ismael Rolón, al suspender la tradicional procesión. Fue en protesta por algunas medidas tomadas por Stroessner, entre ellas, la expulsión del país del sacerdote Francisco de Paula Oliva.


Una cosas es el optimismo, otra es la realidad. Por eso, merece un destaque lo señalado por Mons. Valenzuela. Hoy, a días de las internas, camino a las presidenciales, los distintos candidatos no hablan ni presentan propuestas sobre el día a día que afectan a la ciudadanía. Duele observar la tremenda migración del campo a la ciudad que revela poca producción en las zonas rurales para las familias campesinas. La educación hoy sufre la polarización casi dogmática de los grupos enfrentados, pero no se observa con atención que todo se inicia con ministros enclenques nombrados cada tanto.


En el tema renegociación de Itaipú poco o nada se sabe, sí que las binaciones crean nuevos ricos y los porcentajes se reparten por cada millonaria obra que se hacen, no tanto por su utilidad sino justamente por el dividendo que dejan esos trabajos a los jerarcas. El Instituto de Previsión Social (IPS) continúa siendo esquilmado por la rosca política mafiosa en desmedro de los asegurados que sufren cada día. Es imparable allí el maltrato y la humillación.

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Los grupos indígenas viven a su suerte por la ciudad sin que reciban una atención preferencial. Sólo son objetos de atención de los políticos para ser arreados en las internas y en las nacionales. Cada semana, por no decir mes, caen enormes cargamentos de cocaína en puertos europeos, que pasaron sin ser visto por los controles aduaneros del país. Es posible que ese dinero de la impunidad sirvan a varios de los políticos hoy en pugnas electorales.


Monseñor Valenzuela se preguntó qué soluciones proponen los candidatos y los partidos para terminar con el azote del narcotráfico, con el nuevo flagelo del sicariato. “¿Cómo van a encarar el tema de la seguridad, el rol de militares y policías? ¿Que se hará con un poder legislativo superpoblado? ¿Qué mecanismos emplearán para que la Justicia sea independiente y objetiva y dejen de prevaricar y vender sentencias? ¿Cómo se podrá mitigar los efectos del tráfico de influencias?”, dijo el obispo Valenzuela, en su IV Carta al pueblo paraguayo, que leyó durante la homilía en la celebración central en honor a la Virgen de Caacupé.

En verdad su desafío fue casi estéril, los principales responsables no estaban en la misa. Sin embargo, vale su ánimo de levantar de nuevo la conciencia nacional, así como en su momento hizo Mons. Rolón. Por eso, es realmente válido que haya reivindicado eso que «La Iglesia no puede ser arrinconada en los templos». Este es el camino: La labor social de la Iglesia Católica es tomar protagonismo. Además de no renunciar a su misión profética de anunciar y denunciar, debe invitar a la acción en cada homilía, catequesis y tareas de la Iglesia para recuperar el discernimiento y el valor protagonismo del ser nacional. La Iglesia Católica debe reivindicar el esfuerzo de Mons. Ismael Rolón. Debe animar al pueblo paraguayo a ser actor social, que empuje el cambio total.