A propósito de las efemérides que fijan como uno de los hechos ocurridos en un día como hoy, 30 de agosto, pero de 2018 el fallecimiento en Salto del Guairá del virtuoso arpista Albino Quiñónez a los 91 años de edad, rescatamos una de las más increíbles anécdotas que registra el deporte paraguayo y en modo especial, la actividad olímpica, pródiga en episodios insólitos desde su misma cuna.
Albino fue el último que seguía con vida, de los integrantes del Trio Olimpico, encabezado por don Eladio “El Grande” Martínez e integrado igualmente por Emigidio Ayala Báez. Su figura es admirada, venerada y perpetuada en un monumento erguido en una de las más céntricas zonas, en plena rotonda de su ciudad natal, Salto del Guairá, donde se lo considera como todo un héroe civil.
Este monumento en el corazón de Salto del Guairá es en homenaje a Albino Quiñónez, eximio artista nacional y ejecutante magistral del arpa en el Trio Olímpico
¿Por que se formó el trio Olimpico?
Londres fue designada sede de los primeros juegos de post-guerra mundial.
Despues de Berlín 1936, hubo un periodo de borre total de las actividades deportivas a raiz del magno conflicto bélico, que obligó a la cancelación de las ediciones de 1940 (confiada en principio a Helsinki, Finlandia) y de 1944 (fijada para Londres y reasignada para 1948).
El comité organizador ingles no escatimó esfuerzos por montar, lo que tiempo después sería una frase clisé de Juan Antonio Samaranch que en cada ceremonia de clausura calificaba a la edición terminada como “la mejor de toda la historia”.
Estaban dispuestos a tirar la casa por la ventana y a batir el record de paises que hasta entonces habían tomado parte de la gran fiesta. Y Paraguay se puso en la mira como uno de ellos.
Como no existía aún en el Paraguay un Comité Olímpico Nacional que se ocupe de manejar las participaciones en los Juegos, la Embajada derivó el convite oficial al ente que fungía como encargado de todo lo relacionado a la organización deportiva en el país y enterada que el ente estatal (hoy Secretaria Nacional de Deportes, entonces Consejo) cumplia las veces que hoy desarrolla el COP, le pasaron el convite.
Ni caso hicieron los responsables del ente público a tamaño ofrecimiento. La nota fue archivada porque no entendían los funcionarios de la institución para que les estaban invitando.
Presas de la ignorancia más supina e increíble desairaron a los anfitriones británicos, quienes como buenos ingleses, no se dieron por vencidos. Insistieron y condujeron la invitación por otra via.
Conscientes que el arte y la música, siempre se hallan en vigencia en todo evento olimpico de la clase que fuere (lo acabamos de vivir ahora en Asu 2025), empezaron a buscar a quienes en este rubro, pudieran presentarse en la apertura.
Felizmente, aparte de un gran músico, gran deportista, dieron con la persona indicada que supo valorar lo que le proponían: Eladio “El Grande Martínez” que de inmediato puso manos a la obra y conformó el trio que pasó a denominarse Olimpico por la razón misma de su creación.
Asi llegaron a aquella histórica noche estival del jueves 29 de julio de 1948, cuando en el icónico estadio de Wembley el acto inaugural, el Paraguay marcó su primera presencia, no con deportista sino con su música, quizá la más importante manifestación transversal que siempre está vigente en toda justa de rango olimpico.
Aparte de la participación en el marco de los acontecimientos de índole cultural que se suceden durante unos juegos, el trío actuó ante los afamados micrófonos de la emblemática emisora British Broadcasting Corporación (BBC) de Londres (foto).
Don Eladio siguió aportando su arte al deporte
Poco después, Don Eladio trascendió todavía más como autor ligado al deporte, de temas emblemáticos como la que quizás es la más bella de las múltiples composiciones musicales dedicadas al club de sus amores, el Olimpia, que lanzó a la consideración del público en coincidencia con la disputa en el estadio Comuneros de Asunción del Sudamericano masculino de básquetbol de clubes campeones, que ganó el Sirio de Brasil y en el que justamente el franjeado fue el representante nacional.
También dejó para la posteridad una hermosa obra resaltando la conquista de las primeras mujeres deportistas que dieron un titulo continental de selecciones al deporte Paraguay, las campeonas sudamericanas de básquetbol de 1952, aquellas gloriosas “panteras que se escaparon de nuestra selva, para batirse en limpia lucha sin dar cuartel”, como rezan parte de sus inspirados versos.
Los mármoles hoy recuerdan por otra parte a don Albino Quiñonez, cuya figura quedó plasmada en una estatua en Salto del Guairá (donde falleció el 30 de agosto de 2018 a los 91 años, como destaca la cita de las efemérides de hoy), un monumento que perpetua su ilustre memoria en una de las más céntricas zonas de la localidad donde se lo considera como todo un héroe civil.
Lo insólito y peculiar se repite en México
Exactamente veinte años después, cuando al fin, un deportista pionero, el esgrimista Rodolfo Alfredo Da Ponte se convierte en el primer atleta nacional que compite en unos juegos olímpicos en México 1986, se repite el carácter anecdótico, peculiar e insólito que envolvió esa participación.
Da Ponte viajó con un pedido de inscripción estampado en un documento que expidió el Consejo Nacional de Deportes, al no existir aún un comité nacional olímpico.
El comité organizador azteca fue muy contemplativo, munido del mismo interés que tuvo Londres veinte años antes, por batir records de participantes y ofreciendo Paraguay la posibilidad de contribuir en ese esfuerzo, al no tener antecedente atlético alguno (solo musical).
En alguna medida hicieron la vista gorda, pero exigieron que se corrija la nota. Y contra reloj se tuvo que imprimir un nuevo membrete con el nombre del ente estatal, seguido de un guión más Comité Olímpico Paraguayo.
Así salomónicamente se solucionó el problema, pero con la promesa y el compromiso de los favorecidos (el atleta, su entrenador y a la vez padre y el representante del Consejo Nacional de Deportes que les acompañó de impulsar la inmediata fundación de un comité olímpico en el Paraguay. Así lo hicieron y el 11 de agosto de 1970, nació el COP en la sede del la CPB en el estadio Comuneros, donde también tuvo su primera sede.