Vecinos de esta comunidad tomaron la saludable y oportuna iniciativa de organizarse para hacer frente a un verdadero desastre ambiental en ciernes. La cuenca del arroyo Potïy, un curso hídrico compartido con el municipio de Cambyretá, está gravemente contaminada.
Ante el ruidoso silencio que rodea a la paulatina e imparable destrucción de este valioso recurso natural, bajo la consigna “Defensa del Potï’y”, un grupo variopinto de pobladores, despojados de intereses político-partidarios resolvió tomar la iniciativa de organizarse y exigir respuestas.
El arroyo Potïy agoniza desde hace varios años, existen informes técnicos guardados bajo siete llaves que comprueban lo que se observa a simple vista, pero las acciones para evitar el colapso no se ejecutan.
La causa de la contaminación tiene un factor común, que es la inconsciencia de quienes utilizan los cursos de agua como vertedero de basura. Desde residuos sólidos hasta descargas de efluentes cloacales, industriales, la erosión arrastra restos químicos de la producción agrícola, entre otras fuentes.
Aun cuando existe un sistema de alcantarillado sanitario, el sistema no cubre la totalidad de generación de estos residuos. A lo largo del curso del arroyo existen descargas directas de efluentes contaminantes.
En estos casos se requiere la intervención de la autoridad inmediata, que son los municipios. El Potïy es compartido por los distritos de Encarnación y Cambyretá, cuyas autoridades tienen una responsabilidad de intervención directa.
Otro nivel de intervención corresponde al de la entidad binacional Yacyretá (EBY), que con la construcción del embalse del río Paraná provocó un impacto radical en las condiciones de estos cursos hídricos.
La EBY tiene una responsabilidad de por vida en el monitoreo y cuidado de las aguas en toda su zona de afectación. Este nivel de cuidado, sin embargo, y al tenor de la realidad observable, está bien lejos de ser el adecuado.
Mientras dure la vida útil de la usina, la EBY tiene la responsabilidad de cuidar la calidad del agua, su principal materia prima en la producción de electricidad. Las condiciones del Potï’y hablan por sí solas de una inexplicable inoperancia.
Existen sobradamente los recursos económicos y técnicos para el efecto. El que no lo hagan entra en el campo de la inoperancia, la desidia o la corrupción. En cualquiera de los casos, la respuesta pasa por decisiones políticas y técnicas, ubicando en estos puestos de responsabilidad a personas idóneas y con sentido de compromiso con la función para la cual son designadas.
En esta historia de terror en que se convirtió el Potïy es oportuno tener en cuenta la inexcusable inacción de muchos actores políticos, quienes en conocimiento de la dramática situación asumen la cómoda y cobarde actitud de mirar para otro lado.
Meritoria y ejemplar decisión de estos vecinos que rompieron la inercia de la inacción para exigir algo tan básico y elemental como el derecho a vivir en un ambiente saludable (Art. 7 de la Constitución de la República) y no consentir que unos inoperantes empotrados en las instituciones públicas condenen a muerte el futuro de un recurso natural invaluable.

