Democracia de las tres P

Juan Augusto Roa (Encarnación)

| Por La Tribuna
Estamos a las puertas de unas elecciones en las que se decidirán autoridades comunales en todo el país

Cuando la democracia es capturada por el dinero, deja de ser democracia. Se convierte en un fenómeno que, como una enfermedad autoinmune, termina aniquilando el tejido social.

Los griegos acuñaron el término plutocracia para definir el concepto. Un sistema político manejado por las élites de poder económico, para beneficio propio, en detrimento del resto de la sociedad.

Otro concepto que nos legaron es el de la “cleptocracia”. Un modelo de gobierno en el que la impronta es el enriquecimiento a costa de los bienes públicos. Funcionarios y dirigentes políticos que se aprovechan del cargo y del poder para hacer negocios con el Estado. Una práctica que, por cierto, en nuestro país supera límites estratosféricos.

Un político que se había candidatado sin éxito para concejal municipal de Encarnación en las últimas elecciones, durante una conversación casual, decía que la política en nuestro país se maneja mediante un sistema de las “tres P”.

Yo le agrego que esta ecuación de las “tres P” es un factor común denominador aplicable aquí y en Tanganica.

La primera “P” es tener un partido político o movimiento a través del cual “entrar” a la arena, entrar en competencia. La segunda es tener alguna propuesta medianamente creíble, no necesariamente aplicable, y la tercera P, la más importante, es tener la plata para financiar campañas, comprar votos y alquilar lealtades.

En esta especie de ciencia oculta de la política, muchos candidatos —demasiados— se lanzan al ruedo asumiendo deudas y debiendo a cada santo una vela para llegar al cargo, especulando con que, subidos al carro del poder, recuperarán con creces su “inversión”.

Basta con observar la hoja de ruta de muchos “profesionales” de la política y comparar sus modestos orígenes con la opulencia ostentada sin rubor luego de algunos años de “servicio a la patria”, mediante aquello que los griegos definieron como cleptocracia.

En este esquema aparece un relativamente nuevo actor que emerge vigoroso: el crimen organizado, que permea las organizaciones políticas y las utiliza como el carro para entrar en la carrera.

Estamos a las puertas de unas elecciones en las que se decidirán autoridades comunales en todo el país para los próximos cinco años. Es oportuno que cada ciudadano esté atento y actúe con responsabilidad al momento de decidir a quién confiar la administración de sus intereses.

Y para el caso, la mejor herramienta es actuar informado, conocer a cada candidato y evitar caer en la trampa de los discursos edulcorados y las imágenes retocadas de los afiches electorales.

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